Pablo Iglesias, candidato en Netflix


Se ve relajado lo poco que se ve de Pablo Iglesias en esta imagen del Consejo de Ministros, lo cual ya debería ser noticia con alguien que enseña colmillo aun debajo de la mascarilla. Han pasado pocas horas tras hacerse un hueco en la secuela de la Boda roja y aún falta un rato para que Más Madrid coja las dos jarras que aparecen en la foto y las vacíe por encima de su ego: una, porque la comunidad no es una serie de Netflix, otra, porque en momentos históricos no hacen falta machotes. Hasta los socios naturales de Iglesias ven que en este movimiento no hay generosidad, lo cual no es un hallazgo, porque de ese rasgo está huérfana la política española, de Sánchez a Abascal pasando por Casado, Ayuso, Arrimadas o Errejón. Es obvio que aquí lo de menos es Madrid. Mesías Pablo fue el niño en el bautizo —quién sabe si con niñera o no— el novio en la boda y, con tal de figurar, es capaz de ser tanto el muerto en el entierro como el tañedor de las campanas que doblen por Podemos.

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