El miedo al sexo

OPINIÓN

Manifestación del 8M en Oviedo
Manifestación del 8M en Oviedo

21 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

(Primera parte)

«Nadie es dueño de su cuerpo en el mundo de los centauros». Martín Garzo, Elogio de la fragilidad.

El pasado día ocho, Día Internacional de la mujer, tan cercano y ya tan lejano, advertí que, en mis últimos artículos, había un mayor interés por los pensamientos de los hombres que por los de las mujeres. Escribí entonces de filósofos norteamericanos como Rawls, Walzer o Sandel, importantes en el tema nuclear de la «Justicia», siendo ahora el momento de tratar otro tema trascendental, como es el del sexo, y para ello acudo a una mujer, una filósofa norteamericana y profesora de literatura, llamada Judith Butler. Es desgraciado que el sexo, que debería ser de disfrute para los humanos, sea, con tanta frecuencia, un factor de angustia, torturas, de amarguras, de miedos y represiones, recluyendo, por vida, a hombres y mujeres en mentales cárceles o laberintos de salida difícil. 

No es casual que la revolución del siglo XX, a continuar en el XXI, fuese la de las mujeres, con un nuevo discurso sobre lo femenino; de acabar con un «patriarcalismo» masculino, fuente de violencia y desigualdad, habiéndose  conseguido, hasta el presente, más una igualdad jurídica (o formal) que una real o de hecho, y con reivindicación -eso también y actual- del cuerpo y de la genitalidad. «Ni Dios Padre, ni Diosa Madre», gritaron las feministas y añadieron: «¡Fuera la malsana obsesión por los asuntos de alcoba» en referencia a aspectos religiosos de la cuestión. Así, el llamado «feminismo», que no es uno sino que son varios y diferentes, es ya un capítulo obligatorio en los tratados de Política, Filosofía, también de Crítica literaria. Y ello con una pretensión nueva y grande: que los atormentados hombres y las atormentadas mujeres, con el sexo, se liberen de sus cadenas y puedan disfrutar. Pretensiones de  liberación. 

Judith Butler, lesbiana, de la izquierda política norteamericana y feminista radical y muy cuestionada, pretendió con sus investigaciones y activismo político la liberación indicada anteriormente. En el año 1990 publicó un libro de gran trascendencia, Gender Trouble, que en España se tradujo como El género en disputa: feminismo y la subversión de la identidad. Ese libro, de difícil lectura, dio origen a los genders studies y a la théorie queer. Mientras el sexo, el masculino y el femenino, es una realidad anatómica o biológica, el llamado género, lo masculino y lo femenino, según Butler, es una construcción ideológica, adquirida cultural y continuamente, paso a paso, con actos muy repetidos. Transición, pues, de géneros. 

El género cuestiona, según Butler, la tradicional oposición, binaria, de la sexualidad entre hombres y mujeres, no siendo lo masculino o lo femenino (géneros) ni natural ni inmutable, existiendo otras categorías, como lo «trans», construyéndose poco a poco las identidades sexuales. «Cuerpos sexuados que permiten  géneros diferentes, lo que implica que los géneros no deben necesariamente limitarse a dos» -escribió Butler- en El género en disputa. Y si por primera vez la palabra «género» la utilizó en 1964 el psicoanalista norteamericano Robert Stoller, especialista del transexualismo, habrá que referirse, antes de llegar a Judith Butler, al libro El segundo sexo (1949) de Simone de Beauvoir, gran teórica del feminismo y que formó parte del Movimiento para la Liberación de la Mujer.

En ese libro de la escritora francesa, esposa del escritor Sartre, hoy olvidado y estalinista, que cita Butler en su libro, está escrito: «No se nace mujer, se llega a serlo». A propósito de esa frase, en El País, del 7 de julio de 2019, Mariam Martínez Bascuñán, escribió: «Regalaba (S. de B.) al feminismo y a toda la humanidad, una de las formulaciones más revolucionarias de todos los tiempos…Nacería en ese momento la idea del género como categoría analítica, como base para explicar por qué esa diferencia entre hombres y mujeres no es natural sino accidental». 

Muy presente en Butler, como en tantos filósofos norteamericanos, está el pensamiento europeo. De unos pensadores franceses posteriores a Simone de Beauvoir, englobados en la llamada French Theory, y de unos pensadores alemanes, de la Escuela de Frankfurt (Adorno y Walter Benjamin), y del pensamiento de Hegel, tomó conceptos tan fundamentales y complementarios como son el deseo y el reconocimiento, o que mi deseo sea reconocido, es decir, que el deseo que constituye nuestro ser, pase a los otros, se acepte por los otros a través de las normas.