Crónica y lamento por un fracaso


Debajo de la hojarasca política del «y tú más» que volvieron a ensayar ayer los señores Sánchez y Casado; debajo de la casquería que ha dejado la moción de censura de Murcia, revuelta ahora por el anuncio de querella de Pablo Iglesias; debajo también del estiércol que se intenta esparcir por la campaña electoral de Madrid, hay otra realidad que toda esa basura pretende esconder: la economía. El Banco de España intentó hacernos mirar hacia esa realidad con su último informe, pero con el éxito habitual. Ningún líder de opinión se detiene en ella, quizá porque es algo vulgar, quizá porque es poco poético, quizá porque todo lo demás es fácil de tratar: basta la palabrería.

Sin embargo, en lo que dice el Banco de España hay datos y previsiones ante las que un cronista no puede permanecer impasible. Por ejemplo, lo inútiles que resultan los Presupuestos del Estado si su cálculo de crecimiento para este año fue del 9,8 % y se va a quedar en un 6 %. Con ese error de cálculo se caen también las profecías de ingresos del Estado. Segundo ejemplo, la evolución del desempleo: va a subir todavía un punto más, y eso son unos cuantos cientos de miles de personas y familias que se sitúan en el drama de la supervivencia. Y tercer ejemplo, las causas del retraso de la recuperación económica, que procede a su vez del retraso en las vacunas y en la distribución de los fondos europeos.

Ese es, en muy apretada y arriesgada síntesis, el diagnóstico del documento del Banco. Si exceptuamos la pregunta de Inés Arrimadas al presidente del Gobierno en la sesión de control, ¿hubo alguna otra aproximación del Congreso de los Diputados? Si la hubo, ha sido por casualidad. Y, sin embargo, los apuntes de la institución que gobierna Hernández de Clos son claros y concretos: vacunación y fondos. Si gran parte de la sociedad española y europea atraviesa un ya larguísimo momento de desesperanza y un larguísimo proceso hacia el empobrecimiento, es porque ambos son el fracaso de la Unión: ni hubo vacunas para llevar un buen ritmo ni se avanza en la disposición de las ayudas económicas.

Ante lo cual me limito a preguntar: ¿dónde está el poderío de la Unión? ¿Dónde la eficacia de sus órganos de gobierno? ¿Dónde el empuje para resolver los problemas de los ciudadanos? «Todo se resolverá», dicen los conformistas. «La recuperación va a llegar y será muy importante», dicen los ministros de Finanzas, desde España hasta Polonia, pasando por Roma y París. Efectivamente, los asuntos que el tiempo resolverá serán resueltos. Pero a la Unión Europea le falta el aguijón que la empuje. Le faltan los órganos de control que exijan responsabilidades. Le falta espíritu social para sentir una mínima inquietud ante los millones de ciudadanos instalados por la fuerza en el pesimismo. Le falta nervio, le falta agilidad. Le falta gobierno. Y le faltan gobiernos.

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