Si alguien lo esperaba, no hubo abrazo en público. Estaría feo, dadas las circunstancias, claro que de feos hemos aprendido este tiempo un rato largo. Queda en las retinas el que se dieron el 12 de noviembre del 2019, si es que se puede llamar abrazo. Por momentos fue un cacheo, así suelen ser las coaliciones de gobierno, desconfianza plena. Luego, señor Iglesias, motivos para ello no faltaron. A falta de magreo, tenemos esta imagen del último Consejo de Ministros del hombre llamado por sí mismo a salvar Madrid y si acaso la Vía Láctea: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias jugando a aguantarse la mirada, total, otro problema en este país no debe de haber. Quién sabe si el uno está a punto de pellizcarse «porque este se va sin que yo lo eche». Quién sabe si el otro anda ya tramando que «el día menos pensado me tienes de okupa en la Moncloa». Es una pena que no salgan a subasta sus pensamientos. A lo mejor descubriríamos que en este momento histórico apenas les vienen a la mente tres palabras: Y tú más.

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El abrazo interruptus