El rap de Pablo Iglesias


Si cada vez que un político abre la boca apareciera una dosis de vacuna, el mundo estaría ya inmunizado, varias veces. Aquí la campaña de vacunación se ha confundido con campaña a secas. Casi toca a elección diaria. La fiesta de la democracia convertida, con perdón, en bacanal. Por si alguien se lo había perdido todos estos años, Pablo Iglesias se presentó ayer ante el respetable de Madrid. Con el rictus grave de los días importantes, susurró su discurso caminando en círculos y enlazando frases a ritmo de batalla de gallos, esos duelos de raperos micro en mano en los que se aplaude la improvisación. El político de las lecciones a diestro y a siniestro pidió, modo catequista, «que las izquierdas no nos soltemos pullitas». Luego, llamó a los madrileños «del sur», la gente «humilde», a votar para derrotar a los «pudientes». Lógico. Quiere evitar que la comunidad caiga en manos de vividores. De esos con chalé en algún ayuntamiento del norte, como Galapagar.

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