Rocío Carrasco o el poder de la televisión


El triste espectáculo por entregas que ofrece Rocío Carrasco en Telecinco es de los que incitan a tomar partido. Muchos esperan con ansia el episodio semanal de despiece contra su exmarido, y quedan unos cuantos, mientras que otros tantos escapan de esa penitencia de hipos y sollozos como del agua hirviendo. No ayuda a la empatía ver esta docuserie lacrimógena y devastadora en manos de esos que con una mano se fustigan, haciendo mea culpa por haberla juzgado mal, mientras con la otra celebran sus domingos de gloria haciendo caja y estirando capítulos. O despidiendo al supuesto maltratador para, tal vez, acogerlo de nuevo más adelante, cuando el momento sea propicio.

Y, sin embargo, el desmenuzamiento que hace la hija de Rocío Jurado de las supuestas agresiones psicológicas y físicas está poniendo de relieve el poder que aún conserva esa televisión a la antigua con la que el streaming quiere acabar. Hace veinte años el testimonio de Ana Orantes, asesinada por su marido maltratador después de contarle su drama en directo a Ana Rosa Quintana, sirvió como catarsis para que la violencia de género dejase de ser un asunto privado y muchas mujeres dejaran de conformarse con lo malo conocido. Ahora ver el agrio reflejo de Rociito en la pantalla ha hecho crecer más de 40 % las llamadas al 016 y un 1.464 % las consultas por WhatsApp. ¿Está haciendo en el fondo un servicio público?

Conoce nuestra newsletter

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Comentarios

Rocío Carrasco o el poder de la televisión