Díaz Ayuso destruye el centro


No me gusta el método PP de absorber a Ciudadanos. Me parece casi delictivo que se contrate a un dirigente del partido centrista, Fran Hervías, que tiene el listado de sus militantes y relación personal de mucho tiempo para hacer el trabajo sucio de fichaje para incorporarlos al Partido Popular. Se habla de una lista de por lo menos un centenar de cargos. Es una operación planificada de asalto como no se había visto en la política española. Y en Génova For Sale la daban ayer por culminada con éxito. «Lo importante de Ciudadanos, me dijo un alto directivo, es el espacio de centro que ocupa y ese espacio ya es nuestro. Si hace unos días éramos tres los partidos que competíamos en ese terreno, ahora somos dos». Es decir, que desde el punto de vista del PP el objetivo ya está conseguido. En la guerra y en la política, por lo visto, todas las armas son válidas. Ahora solo falta que el partido conservador, además de ocupar el territorio centrista, responda a ese territorio con la misma ideología y el mismo estilo, porque el centrismo es, sobre todo, un estilo de hacer política.

El barómetro, que multiplica el suspense al prever un empate entre los bloques conservador y progresista, es como el acta de defunción de Ciudadanos, al menos en Madrid: según sus datos, el partido de la valerosa Inés Arrimadas no alcanza el 5 por ciento de los sufragios, con lo cual queda fuera de la Asamblea. Para más felicidad pepera, su otra gran rival madrileña, Rocío Monasterio, candidata de Vox, corta la línea ascendente de su partido y pierde intención de voto. Se puede discutir si los méritos son de Génova -de Pablo Casado, para entendernos- o de Isabel Díaz Ayuso, que prácticamente duplicará sus escaños si las urnas confirman la encuesta. Está naciendo una estrella. Lo único que tiene que hacer hasta el 4 de mayo es no cometer errores. La campaña la tiene hecha, y atención: no la hace contra el candidato socialista Ángel Gabilondo, sino contra Sánchez, que quizá sí se equivoque al designar a Ayuso como la adversaria a derribar.

Y el CIS de Tezanos hace un favor añadido: al dar a Ciudadanos por desaparecido en la comunidad, este partido entra en un círculo de muerte. La encuesta le quita los votos todavía indecisos, porque muchos ciudadanos ya se pondrán a pensar que votar a Edmundo Bal es tirar el sufragio. Será el triunfo final del voto útil, que Ciudadanos perderá de forma irremediable. Y, una vez decretada la inexistencia en Madrid y certificada la defunción, el centro corre el peligro de desaparecer en el resto de la nación. Así es la política. No sabe Albert Rivera lo que hizo el día que decidió no formar gobierno con Pedro Sánchez. Pudo haberle evitado a España la repetición de elecciones. Como hombre centro pudo evitar la coalición de izquierdas. Y pudo garantizar otro tipo de estabilidad. Pero lo perdió la arrogancia.

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