Consumo: la gasolina de la recuperación


Los españoles ahorraron 108.844 millones de euros en el año del covid. Disminuyeron sus ingresos pero su gasto se redujo cuatro veces más. Como resultado, las familias retuvieron el 14,8 % de su renta disponible, una tasa sin precedentes en lo que llevamos de siglo. Acumularon combustible a la fuerza, porque la pandemia les impidió viajar, comer de restaurante o ir al cine, y llenaron el embalse. La cuestión crucial que se plantea, a medida que avanza la vacunación y se relajan las restricciones, consiste en saber cómo y a qué ritmo se producirá el desagüe, porque de ello depende la recuperación de la economía y del empleo. Y aquí comienzan las dudas, las adivinanzas y las previsiones de toda índole.

Una vez rotos los diques, ¿qué parte de ese caudal se transformará de inmediato en gasto y qué parte permanecerá en la cuenta corriente o debajo del colchón? Que el consumo se relanzará en el segundo semestre del año, pese a la incógnita del verano, parece evidente. Se efectuarán muchas compras aplazadas: la del nuevo coche que habíamos mirado, el esperado cambio de lavadora o la reforma de la cocina. Pero hay consumos, especialmente en la esfera de los servicios, irrecuperables. Este verano no iremos de vacaciones dos veces para compensar las que perdimos el año pasado. Ni duplicaremos la frecuencia con que íbamos a la peluquería para contrarrestar las veces que nos peinamos ante el espejo de casa. Una parte de los euros ahorrados ya nunca se transformarán en consumo.

Para que el ahorro se materialice en gasto se necesita no solo que se levanten las barreras impuestas por el covid, sino también superar el estado de shock y recuperar la confianza. No basta con derrotar al virus, hay que vencer el miedo, que suele durar más tiempo que la tragedia que lo causa. Y la incertidumbre lastra las decisiones de consumo. El Banco de España ha puesto un ejemplo entre mil: el temor a más impuestos retraerá a las familias a la hora de lanzarse a gastar sus ahorros. Aunque, en este caso, más que de incertidumbre deberíamos hablar de certeza: a medio plazo subirá la presión fiscal para pagar la factura del gasto público paliativo.

No volveremos a ser los de antes hasta que se nos quite el miedo del cuerpo. Incluso existen dudas de que volvamos a ser los de antes, porque desconocemos en qué medida se han alterado los hábitos de consumo. Tampoco sabemos si los cambios serán pasajeros o permanentes. Como no sabemos si esa familia en bata y zapatillas, que trabaja, se entretiene y compra online, es una imagen efímera que ilustra el tiempo de la peste o ha venido para quedarse.

Frente a las dudas, hay también indicios de una próxima explosión del consumo. Hay mucho dinero embalsado. Cada vez que las autoridades abren una espita se inundan terrazas y hoteles. El FMI revisa al alza su previsión de crecimiento de la economía española, basándose en la esperada expansión del consumo. Incluso no faltan quienes auguran que nos hallamos en la antesala de unos nuevos felices años veinte. Veremos.

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