España no merece estos políticos


Desde que esta nueva peste llamó a nuestras puertas, creíamos haberlo visto ya todo en cuanto a bajeza política, falta de sentido de Estado, irresponsabilidad y electoralismo. Durante este año de muerte, enfermedad y destrucción económica, nuestros próceres nos han ofrecido un espectáculo que ha dado la verdadera medida de su talla política y moral.  La confianza de los españoles en sus gobernantes y el prestigio social de quienes dicen representar a los ciudadanos se encontraba ya bajo mínimos desde hace tiempo. Pero ha sido la pandemia la que los ha retratado, hasta el punto de que, cuando más se les necesitaba, lejos de convertirse en una referencia de eficacia y de gestión que aliente la esperanza, los españoles los consideran como el primer problema del país, por encima incluso de la tragedia sanitaria provocada por el coronavirus, de sus consecuencias en forma de crisis económica y de la destrucción de empleo. Frente al covid-19, los políticos son vistos por la mayoría, con razón, como una parte del problema, no de la solución.

Aunque desde hace tiempo el CIS enmascara este dato irrefutable troceando las respuestas que les afectan, cuando se pregunta a los ciudadanos por los mayores problemas del país un 77,4 % cita a los políticos como uno de los grandes males de la nación. A mucha distancia se sitúan la crisis económica (43,8 %), la propia pandemia (41 %) o el paro (31,7 %). Y, visto lo visto durante este año, a nadie debe extrañarle ese dato terrible. En marzo del 2020, cuando el coronavirus apenas había entregado su tarjeta de visita, los políticos ya lo utilizaban como arma electoral. Y luego, mientras el virus se ensañaba, unos y otros se han ido arrojando sin pudor a la cabeza los datos de muertos, enfermos y parados. Pero si alguien pensaba que la llegada de las vacunas, y con ellas la esperanza de que acabemos superando pronto esta catástrofe, pondría fin a ese espectáculo político obsceno, debería abandonar toda esperanza.

Todavía no ha comenzado oficialmente, pero, además de dejarnos en Vallecas la imagen atroz del regreso a la España de las pedradas y los garrotazos, la campaña de las elecciones madrileñas evidencia que la irresponsabilidad política no ha tocado techo. Que un presidente del Gobierno lesione en el extranjero la imagen internacional de España acusando -sin aportar pruebas- a la Comunidad de Madrid de falsear los datos de muertos y enfermos, y que arremeta desde Angola -¡desde Angola!- contra Madrid por su mala situación sanitaria, es una insensatez política difícil de superar. Como lo es también que la presidenta de la Comunidad de Madrid afirme que el Gobierno de España está mintiendo sobre las cifras reales de la pandemia, o que abra y cierre las fronteras y los bares de Madrid en función de sus propios intereses electorales, y no de los criterios científicos y sanitarios. Llevamos ya demasiado sufrimiento para merecer algo así. Saldremos de esta, sin duda. Pero no será gracias a estos políticos irresponsables, sino a pesar de ellos.

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