Évole y Bosé: la película


Jordi Évole es la referencia de ese género al que ahora llaman infoentretenimiento, que endulza la información o las entrevistas con giros guion que sacan al público de ese sopor que se le presupone. Que a Évole le va el enganche peliculero lo ha demostrado muchas veces, especialmente en aquel falso documental sobre el 23F en el que, por unos minutos, le coló a medio país el engaño de que el golpe de Tejero había sido un montaje. Decían algunos que el presentador había dilapidado allí su credibilidad, pero su figura no se resintió ni lo más mínimo. Nunca dejó de conseguir que los entrevistados más insospechados se sentaran a hablar con él y solo con él.

Este domingo, Évole subrayó el carácter teatral de su entrevista por capítulos a  Miguel Bosé mediante un arranque inspirado en un thriller. Un avión sobrevuela las luces nocturnas de México DF. Él llega, sube a un taxi y le confiesa al conductor: «Vengo a ver a un amigo». En un montaje paralelo, Bosé se dirige al mismo hotel. El conductor previene al personal: «Ya está llegando». Como si hubiera que articular un meticuloso protocolo sin el cual todo podría venirse abajo. Miradas furtivas asoman por las esquinas mientras el artista recorre los pasillos hasta que entrevistador y entrevistado se reúnen, por fin, en lo alto de un rascacielos. Todo un envoltorio que sugestiona al espectador con un espectáculo a la altura del personaje.

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