Yo no soy ese


Cuánto habrá sufrido la aristocracia del viejo PP negando sus apellidos ante el juez. La estrategia judicial por los papeles de Bárcenas los está obligando a reclamarse vulgares, a declarar que sus antroponímicos pueden ser los de cualquiera, a desdibujar una distinción labrada a base de griegas y guiones para hacerse notar en un océano de nombres que pueden ser los de cualquiera, corrientes y simples Rodríguez y Pérez sin diéresis ni des que los precedan. Por lo sabido hasta ahora, en aquel PP de entonces había varios posibles Eme Punto Rajoy, López Hache, Javier Are, Erre Rat, En el PP Nadie me llama Federico o López Hierro no Es mi Marido. Confesiones ante el juez a las que debemos dar crédito, a la vista de la contundencia con la que todos proclaman que Bárcenas Sé Fuerte apuntaba en una libretita nombres de personas que podrían ser los suyos pero que por supuesto no lo eran.

En todo este ejercicio de ajenidad colectiva hay una buena clase de filosofía. Personas tan importantes y apellidadas discutiendo sobre su identidad en un tribunal, ser o no ser, solo sé que no sé nada, ese niño sí, no, ese no soy yo. Resta por saber qué huella dejará en futuros dirigentes este escrutinio genealógico, si los llamados a prosperar hacia la cúpula preferirán llamarse Antonio García para coincidir en apelativo con otros 23.700 españoles y convertirse en una simple aguja en el pajar o si el mandamás fetén prefiere ser un Borja Andia-Irarrazaval Lisperguer y Gallón de Celis y tenerlo complicado para escurrir el bulto.

Lo más inquietante de lo escuchado hasta ahora es saber que por Génova 13 desfilaban réplicas indeterminadas de personas con los mismos nombres, como si la sede fuera un castillo encantado. No me extraña que la vendan.

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