A ver quién lo tiene más grande


Las elecciones a la Comunidad de Madrid se han convertido en una competición por ver quién tiene el megáfono más grande. El que empuñó ayer Pablo Iglesias luce esplendoroso, aunque puede ser un efecto óptico, ya se sabe que con el tiro de la cámara se pueden ampliar objetos en realidad minúsculos; luego, claro, los chascos. El caso es que estos señores y señoras se pasan el día gritando, como si la cosa fuera de conseguir no más votos, sino más decibelios. Entre el exvice, Ayuso y un tal Casado, Gabilondo —que grita por boca de Lastra y Sánchez—, la doctora García, la ultrasoprano Monasterio y los susurros estridentes de Bal —da la sensación de que este hombre va a gritar el 5M todo lo que no gritó estos días— no habrá plato ni copa de Duralex que salga indemne. Esta clase política va a conseguir que hagamos como el protagonista de Sound of Metal, y perdón por el spoiler: para tragar con todo este ruido, mejor nos quedamos sordos.

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