Tribulaciones de un comentador

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Román Ríos | Efe

29 abr 2021 . Actualizado a las 09:38 h.

A veces, al comentar la actualidad, me entra el complejo de estar amargándole la vida a los lectores que me puedan quedar. Es lo que tiene el trabajo de analizar o, por lo menos, aproximarse a la política. Les voy a contar la aventura de encontrar algo que les alegre. El martes, por ejemplo, me puse a escuchar la rueda de prensa del Consejo de Ministros. Oigo a la ministra portavoz anunciar que no va a citar a ningún partido, pero en la misma frase cita al Popular -se pueden imaginar con qué intención- y pide nada menos que el cordón sanitario para Vox. Como la señora Montero no suele caer en contradicciones -una ministra de Hacienda nunca se contradice-, la única explicación que se me ocurre es que no considera partidos ni a Vox ni al PP. No me sirve como tema. 

La sigo escuchando, porque me gusta su tono encendido, su vehemencia y su tronío y tropiezo con su explicación sobre las razones para no ampliar el estado de alarma. La señora ministra toma la palabra. Literalmente la toma en el sentido militar, porque no la suelta. Habla y habla, parece que no va a terminar nunca y de hecho no termina nunca. No pone puntos, se lo tiene que pasar pipa leyendo el Cristo versus Arizona de Cela o En busca del tiempo perdido de Proust, que son las novelas sin puntos más próximas a su estilo literario y discursivo. Voy a buscar el vídeo de su intervención, porque me parece que todo el tiempo que habló del estado de alarma no respiró, qué prodigio de mujer. Ahora bien, cumplió perfectamente su papel de portavoz: no se le entendió nada. 

Cambio de escenario y busco argumento en la campaña de Madrid. No hay novedades sugestivas. Total, le han enviado un par de balas a Díaz Ayuso, tampoco son tantas, pero como el fascismo no come carne fascista, o algo así, no merece que Pablo Iglesias le pregunte a Felipe VI por qué se calla. Así que me voy al otro foco informativo, Cataluña, que nunca falla. Esta es buena: la negociación de Junts y Esquerra para formar gobierno se efectúa en una cárcel. ¡Qué gran mensaje para el mundo! En Cataluña hay tal falta de libertad que las negociaciones políticas se efectúan entre rejas. El sonido externo es el de la vacunación de policías y guardias civiles, que la Generalitat no practica y la Justicia tiene que imponer. Pero dice el conseller de Salut: si vacuna a las fuerzas de ocupación, tiene que dejar sin vacunar a los mayores de 70 años, y son catalanes, pobre gente. Así que sigo buscando y encuentro el Eurobarómetro, que es como Sondaxe, pero muy grande. ¿Y saben qué dice? Que el 90 % de los españoles no creen nada de lo que dicen y hacen los partidos. Pero eso también es tan negativo, que el ministro Castells lo definió una vez como «crisis de legitimidad» y «semilla de desintegración institucional». Leñe, es buen tema, pero no me quita la impresión de amargarles la vida.