La pandemia tiene un saldo, si hablamos de víctimas, de casi 78.000 muertos en España y 2.000 en Asturias. También tiene un balance aterrador en cuanto al aumento de de la pobreza, con 800.000 personas que han entrado en pobreza severa en España y 15.000 personas consideradas pobres más en Asturias. Las personas pobres han perdido 7 veces más renta que las personas ricas. Y esto no son solo datos, es algo que se ve bien claro en las colas de la vergüenza, las colas del hambre, la imagen más clara de cómo las personas no tienen para llegar a fin de mes.

En este contexto celebramos este Primero de Mayo, en el que salimos otra vez a la calle -aunque sea de forma contenida por las circunstancias de la pandemia-, a expresar las reivindicaciones sindicales en materia social y laboral.

En esta ocasión es obligado recordar también que la mayoría de las personas muertas por el COVID 19 han sido mayores. Generaciones que, frente a la dictadura, lucharon y pelearon para que en este país hubiese libertad, democracia y justicia social. Y, sobre todo, para que a sus hijos e hijas, nietas y nietos, tuviesen más posibilidades de tener un futuro y un proyecto de vida mucho mejor que el que ellos y ellas tuvieron. Además en este Día del trabajo queremos reconocer y agradecer el esfuerzo de los trabajadores y trabajadoras de los servicios esenciales, que arriesgaron sus vidas frente al COVID para curar, ayudar y facilitar que a los demás no nos faltase de nada en el confinamiento. Quedó de manifiesto la enorme importancia de nuestros servicios sanitarios, de los trabajadores y trabajadoras de supermercados, de las residencias, de ayuda a domicilio, etc.

Este país está en deuda con muchos personas trabajadoras de los servicios esenciales y de sectores muy castigados por la pandemia como la hostelería, el comercio, empleadas/os del hogar, etc. Por esta razón exigimos que en Asturias también se ponga en marcha un Plan de Rescate para las personas, muchas de ellas en ERTE cobrando prestaciones por desempleo de apenas 300 y 400 euros por pertenecer a sectores en los que se dan situaciones muy precarias; otras sin ningún tipo de recursos económicos, formando parte de esas largas colas de la vergüenza que incluso han llegado irritar a alguna política carente de valores y sensibilidad.

Por eso es necesario establecer un complemento económico a estas exiguas prestaciones, y que el Ingreso Mínimo Vital se haga más flexible y más ágil para que llegue a más personas sin ingresos; y que llegue cuanto antes. Porque sin igualdad en todas sus vertientes, y sin inclusión social, no hay libertad. Y para eso es necesaria una justicia social que suba el Salario Mínimo Interprofesional. Porque no se puede tener libertad con 950 euros al mes. Porque subir el salario mínimo incentiva el consumo y ello repercute en el crecimiento económico del país.

Y también es necesario que las personas jubiladas y pensionistas no pierdan poder adquisitivo. Bastante están pagando ya esta crisis sanitaria con su vidas, como para que ahora pretendamos que la salida de la crisis económica la afronten con sus pensiones.

Y hablar de justicia social significa derogar la reforma laboral, una autentica trituradora de derechos laborales que está detrás de la desigualdad salarial, de género, del aumento de la siniestralidad laboral, del elevado número de  trabajadores y trabajadoras pobres y del aumento del número de personas en riesgo de pobreza.

Y solo habrá libertad si conseguimos acabar con la desigualdad de género, si todas la empresas tienen planes de igualdad y publican los registros salariales y si el Principado de Asturias deja de vetar la puesta en marcha de la figura de las personas Delegadas de Igualdad. Solo así podremos combatir la violencia machista y la cantidad de mujeres muertas por ella.

Este Primero de Mayo tenemos que denunciar el vergonzante número de trabajadores muertos en el trabajo. Son precisos más controles por parte de las autoridades para ver que se cumple la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, los protocolos de salud laboral y que todo el mundo tenga y use correctamente los equipos de protección individual. No podemos dar por normal, ni asumir que en una misma empresa mueran 4 personas en 7 años.

Y seguiremos en las calles y plazas exigiendo una transición energética justa, que solo lo será si lo es con las alas de Asturias, con nuestras zonas rurales, nuestras cuencas mineras y nuestras ciudades. Si lo es con el empleo, las personas trabajadoras y la ciudadanía en general. Y si algo nos consta a ciencia cierta, por el cierre del sector de la minería y de las térmicas, son los riesgos de deslocalización que acechan a nuestra industria debido a unos precios de la energía que la hacen menos competitiva que otros países de la Unión Europea.

Por eso exigimos que se cumplan todos los compromisos adquiridos con la minería, las térmicas y la industria. Porque este país está en deuda con Asturias y ahora no puede abandonarla a su suerte; a una muerte dulce, sin esperanza, ni proyecto, ni futuro. No se puede proteger en Asturias más al lobo que a los trabajadores y trabajadoras.

El Primero de Mayo exigiremos una reforma fiscal integral, donde pague más el que más tiene y que acabe con la economía sumergida, porque solo con impuestos podremos mantener la calidad de nuestros servicios públicos. Una reforma que ponga límites a los desmanes del actual sistema financiero, insensible, que inunda las oficinas de desempleo con sus trabajadores y trabajadoras y que tiene una deuda con las personas que en la anterior crisis tuvimos que pagar de nuestros bolsillo el rescate a la banca.

Porque ahora en este Primero de Mayo toca cumplir con las clase trabajadora.

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Primero de Mayo en un contexto de pobreza creciente