4-M

Eduardo García Morán

OPINIÓN

Isabel Díaz Ayuso, en un acto electoral en Leganés el 27 de abril
Isabel Díaz Ayuso, en un acto electoral en Leganés el 27 de abril Alberto Ortega | Europa Press

02 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Isabel Díaz Ayuso ha concluido la tarea de transformar al Partido Popular en una organización delictiva. Políticamente, porque en el área económico-financiera ya lo era desde José María Aznar, al menos. De vanidad agigantada y enana en cultivado intelecto; crédula en la misión de ser la elegida de la derecha y de más allá de la derecha (Vox) para confrontar no con Ángel Gabilondo, sino con Pedro Sánchez, despreciando a Pablo Casado, para que los comicios sean menos de Madrid y más de España, con La Moncloa en su horizonte; adalid de la ordinariez y el malsano populismo en la campaña del 4-M con eslóganes adulterados pero efectistas para las masas burricies, Ayuso es el espectro fascistoide del que este país no consigue desprenderse.  

Fue sorprendente la filípica de Casado a Abascal en el Congreso en la moción de censura de Vox al Gobierno de Sánchez. Pero resultó ser falsa. El PP no se desprendió de Vox en las regiones donde recibía su apoyo, y en Murcia anegó cualquier esperanza, y, finalmente, Ayuso desenmascara la enmascaraba devoción por el franquismo de los nietos de Fraga. Nunca repudiaron el Régimen del 18 de Julio porque el PP es el feto que creció amamantado por los salvapatrias del 36.

Desgajado de él, por blandengue, Vox reivindica ser ese feto original, y llama a las cosas por su nombre: la democracia presente destruye España (idea expresada por otros retorcidos vericuetos por el independentismo catalán, cuya última hazaña nazi es no vacunar contra el covid-19 a guardias civiles y policías nacionales, que es una forma de terrorismo biológico); los inmigrantes, menores solos sobremanera, son delincuentes, e inferiores (otra conexión con los catalachales); los homosexuales son maricones; las mujeres no son víctimas de los hombres, etcétera, etcétera.