La eutanasia (I)

OPINIÓN

Protestas en contra y a favor de la despenalización de la eutanasia en España
Protestas en contra y a favor de la despenalización de la eutanasia en España

02 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Parece sorprendente que en un asunto, el de la eutanasia activa y voluntaria, de tanta guerra y polémica, pueda haber sitio aún para consensos y compartir verdades. Eutanasia, que es definida de manera más incorrecta que correcta, en el Preámbulo de la L.O. 3/2021, de 24 de marzo, como «un acto deliberado de dar fin a la vida de una persona producido por voluntad expresa de la propia persona y con el objeto de evitar su sufrimiento». En nuestro anterior, El tararí a la voluntad del testador, concluimos así: «Habrá que escribir sobre la eutanasia, institución compleja que, para el Estado, es lo mejor de lo mejor, es un derecho fundamental, y que, para la Iglesia, es lo peor de lo peor, es un homicidio». Consenso aunque sea sobre tales extremismos.

Muchas personas, acaso miles o millones, a un mismo tiempo, son ciudadanos de un Estado, el español, en cuyo cuerpo jurídico se integra la ya mencionada L. O. 3/2021 sobre la eutanasia; también los mismos, miles o millones, forman parte de la  Iglesia católica por el bautismo (koinonía), integrados en ella en cuanto Pueblo de Dios, comunidad o sociedad de fieles, según el Código de Derecho Canónico Catecismo y el documento conciliar Lumen Gentium, o «Luz de gentes»). Es un drama vivido por aquellos miles o millones de personas lo de la doble pertenencia, al Estado y a la Iglesia, que les hace sufrir esquizofrenias, no existiendo términos medios en asuntos de eutanasia, y teniendo en cuenta lo ya dicho: que la eutanasia para el Estado es un derecho y que para la Iglesia es lo más contrario a un derecho, un delito de homicidio.

Tal dislate está en manos de unos políticos/as, que se creen estúpidamente progresistas y mesiánicos, salvadores; fascinados, en su ignorancia, por técnicas médicas y jurídicas. Tal dislate está también en manos de unos clérigos y de gerontocracias, que no comprenden el mundo en el que están, con afán desmedido de poder, que con los años crece y crece como las próstatas o las narices, y cuya sabiduría y seguridad parecen lindar con fantasías. Por unos y otros, el resultado acerca de la vida y de la muerte, de la compleja eutanasia, es el griterío de las disputas ideológicas y el «tirarse los trastos» unos a otros. La nueva batalla entre el Estado y la Iglesia, muy diferentes a otras anteriores (las tradicionalmente llamadas Relaciones), ya está declarada.