Isabel Díaz Ayuso, entre el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y el presidente del PP, Pablo Casado
Isabel Díaz Ayuso, entre el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y el presidente del PP, Pablo Casado Cézaro De Luca | EUROPA PRESS

05 may 2021 . Actualizado a las 13:57 h.

Tal como ella misma pronosticaba, Isabel Díaz Ayuso ha arrasado. Los madrileños han preferido el «voy a arrasar» de Ayuso al «voy a cuidar» de la réplica forzada de Mónica García. El padre estricto se ha impuesto a la madre cuidadora.

Desde el mismo instante de la convocatoria electoral, Isabel Díaz Ayuso, envuelta en la bandera del Madrid de los balcones y las terrazas de los bares, consolidó su imagen de firmeza y valentía. Tiene razón Esperanza Aguirre cuando dice que Ayuso «carece de complejos para dar la batalla cultural a la izquierda», entendiendo por falta de complejos esa castiza desvergüenza para mentir sin pestañear en tono faltón y lenguaje llano. Ayuso ha demostrado compartir encaste con su maestra, chuleando a la pandemia, entre el arrojo y la temeridad, con un tercio de Mahou en la mano. El trago le ha dado para absorber a todos los votantes de Ciudadanos y algún otro de los demás.

En el jardín de infancia de la izquierda, colocarse entre el niño pegón y macarra, Pablo Iglesias, y la niña del Barriguitas, Mónica García, solo le ha servido al maestro, Ángel Gabilondo, para parecer un señor mayor esperando la hora de meter la dentadura en un vaso y echarse la siesta. Si a cualquiera le sienta mal ir de la mano de Pablo Iglesias, a Gabilondo en particular le ha sentado fatal. Un candidato contrastado y solvente destrozado en dos semanas de errática campaña. Alerta de contaminación radioactiva.