Me resulta muy difícil entender la rotunda victoria de Isabel Díaz Ayuso en las elecciones del pasado martes. La mejor encuesta posible para saber lo que piensa una población es sin duda la que dan las urnas, porque otorgan el fiel reflejo de lo que la mayoría quiere (hay que felicitarse por la alta participación del 4 de mayo, que siempre será la mejor noticia para el fortalecimiento del sistema democrático). Hay que saber ganar y hay que saber perder y el resultado del martes es fruto de lo que la gente ha considerado que es lo mejor en estos momentos. 

No obstante, es llamativo que alguien que en dos años sin apenas gestión de la que presumir (ni siquiera tiene el presupuesto aprobado este año) haya logrado un rédito electoral tan grande (por muy poco no se convirtió en una mayoría absoluta, algo complicado de conseguir en estos momentos en España). No me queda muy claro si es la fatiga pandémica la que puede explicar el éxito de Ayuso, porque se presupone que quien está en el poder debería tener una mayor penalización de los votantes que quienes están en la oposición. Además, en Madrid la gestión de esta pandemia no ha podido hacerse peor. Lo ocurrido en las residencias, los despidos a los sanitarios que estuvieron en Ifema, la puesta en marcha del Hospital Isabel Zendal sin personal, la continua confrontación con el Gobierno de Pedro Sánchez por casi todo (controles en Barajas, suministros de vacunas, compra de mascarillas, etcétera) y la mala relación con Ignacio Aguado no ha importado.

Lo que ha triunfado es la imagen que ella ha proyectado. Ha logrado el voto de quien quiere volver a la normalidad anterior a la pandemia. La propia Ayuso lo definió como la vida a la madrileña, que imagino que será algo así como estar de cañas cuando, donde y con quien quieras. Da igual que haya concedido cero ayudas a la hostelería, porque ella se ha alzado en la voz de este colectivo con la simplicidad, el populismo y la sencillez de lo que la gente quiere escuchar. Como muestra, la propaganda que el PP envió a las casas de las y los madrileños solamente recogía en un folio la foto de Ayuso y la palabra libertad. Por la otra cara estaba todo en blanco. ¿Para qué defender que haya debates si así de fácil se consigue estos resultados? El ambiente no ayudó mucho a la confrontación de ideas, en primer lugar por las amenazas (con balas, que espero que con la investigación se llegue hasta el final) y luego por la posición de la ultraderecha con respecto a diferentes temas, como con la aberrante campaña contra los menores extranjeros no acompañados, que acabaron por polarizar en dos bandos el desarrollo de la campaña electoral. Así que Ayuso se permitió decir lo que se le venía a la cabeza, como que no te tienes que encontrar con una expareja por la calle, y eso convenció a todos los habitantes de la Comunidad, puesto que hasta en zonas tan de izquierdas como Vallecas el PP fue la fuerza más votada. Por tanto, imagino que ese 44,73% de los electores, ni más ni menos que 1.620.213 personas, no ha votado a Ayuso por su gestión en estos dos últimos años, sino más bien por otras razones.

El bloque de izquierdas no ha tenido la fortuna de acertar y solamente queda prepararse para dentro de dos años. Urge poner fin a los recortes, a las privatizaciones, al dumping fiscal y a la sombra nefasta de 26 años de gobiernos del PP que han convertido a la Comunidad de Madrid en una región fallida. Quiero pensar que el buen resultado de Ayuso no es fruto de que la oposición sea mala. El PSOE ha sacado su peor resultado electoral, y obviamente no puede quedarse nadie satisfecho con él, y más cuando se ha visto superado por Más Madrid en número de votos. La estrategia socialista, que a mi manera de entender es la de la buena política, es evidente que no fue atractiva para el electorado por mucha honradez, sensatez y responsabilidad que tenga Ángel Gabilondo. Mónica García será la nueva líder de la oposición, y creo que le vendrá bien estar en esa posición de cara a volver a disputar la presidencia de la Comunidad para 2023.

Y sobre Pablo Iglesias daría para muchas reflexiones su figura, pero comparto en lo que dijo en su dimisión que ya no tiene el tirón que alcanzó en antaño. Estamos a una semana del décimo aniversario del 15-M y de aquello ya queda prácticamente el recuerdo de días de movilizaciones y de peticiones sociales. Quién sabe si la presencia del hasta ahora líder del partido morado en las elecciones benefició a Ayuso. Está claro que consiguió que Unidas Podemos no siguiera el mismo camino que Ciudadanos de estar fuera de la Asamblea, pero no es menos cierto que la movilización y la participación masiva provinieron de la derecha. Es pronto para hacer estas valoraciones y ni mucho menos doy por sentado que esto haya sido así, aunque la propia candidata del PP reconoció que ha conseguido muchos votos prestados, y sin duda alguna recogió todos los que se dejó el partido naranja por el camino, pero me atrevo a decir que del PSOE también porque los diputados perdidos no se han ido mayoritariamente a los dos otros partidos de la izquierda.

Terminado y decidido cómo serán los próximos dos años en Madrid, imagino que se retornará el culebrón catalán, que aún siguen sin gobierno tras las elecciones del 14 de febrero. En Ciudadanos parece que la cúpula no va a tomar ninguna decisión importante (habrá que ver si no continúan las fugas de militantes y cargos a otros partidos, especialmente al PP) y veremos si el PP sigue crecidito con el resultado de Madrid o si baja de la nube y entiende que el martes hubo unas elecciones autonómicas, no nacionales.

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