El centenario de la muerte de Rosario de Acuña a dos años vista

Rosario de Acuña
Rosario de Acuña

El cinco de mayo de 2023 se cumplirán cien años de la muerte de Rosario de Acuña. Con esa fecha en mente y hallándome en esa etapa de la vida en la cual los objetivos se suelen aderezar con cierta dosis de escepticismo, decidí actuar con tiempo, con la mirada larga, no fuera a ser que el calendario terminara por convertirse en un obstáculo insalvable. Así es que, con antelación suficiente, en un escrito titulado «Cuatro años por delante» y publicado en la prensa regional a principios del mes de julio de 2019, me atreví a recordar públicamente, y de manera especial a las dieciséis concejalas y once concejales que integraban la nueva corporación municipal gijonesa constituida por entonces, que al final de su recién estrenado mandato se cumpliría el centenario de la muerte de esta ilustre gijonesa.

Según pude saber más tarde, aquel escrito no cayó en saco roto, lo cual contribuía a apuntalar la impresión de que las cosas estaban cambiando en la Plaza Mayor, al menos en lo que respecta al asunto que nos atañe. En efecto, tras una etapa en la cual la figura de Rosario de Acuña había caído en el apacible letargo de la desmemoria concejil, los síntomas apuntaban a un deseable cambio de tendencia,  que parecía confirmarse poco tiempo después con la agenda y el calendario que, con el título Mujeres míticas, editó la Oficina de Políticas de Igualdad. Uno de los meses del año está dedicado a esta infatigable luchadora, de quien, entre otras cosas, se dice lo siguiente: «Considerada ya en su época como una de las más avanzadas vanguardistas y defensora de la igualdad social de la mujer y el hombre. Ilustre vecina que se afincó en Gijón/Xixón en 1909, participó activamente en la vida política, social y cultural de la ciudad. El Paseo Rosario de Acuña recuerda su paso por el Cervigón». Tras la lectura de aquella referencia, me pareció oportuno poner el foco en ese paseo al que se alude, totalmente desconocido para buena parte de la ciudadanía gijonesa. Subsanar aquel sinsentido no requería de grandes actuaciones y, si así se hacía, podría resultar una prueba evidente de tan ansiado cambio. 

Ese era el objetivo perseguido con «El paseo que (casi) nadie conoce», publicado en marzo de 2020. Aunque con ese nombre oficial llevaba figurando en el callejero gijonés durante las últimas tres décadas (desde aquel el 11 de mayo de 1990 el Ayuntamiento tomó el acuerdo de denominar Paseo Rosario de Acuña al tramo comprendido entre el sanatorio Marítimo y la carretera de la Providencia),  lo cierto es que en el lugar indicado no existe referencia alguna que informe a quienes por él transitan dónde empieza y dónde acaba el referido paseo, razón por la cual es desconocido para la mayoría de la población. Como la solución no parecía muy difícil (bastarían un par de placas que así lo indicaran), el hecho de subsanar tal despropósito bien podría considerarse como una prueba del supuesto y esperado cambio de tendencia en el gobierno municipal. Sería una excelente forma ?no muy costosa, según mi parecer? de dar mayor visibilidad a una mujer ejemplar, de preparar el centenario de la muerte de esta ilustre gijonesa.

Como quiera que en este tiempo hubo quien desde el Ayuntamiento se interesó por conocer cuáles eran mis propuestas para el centenario, aproveché la oportunidad que se me brindaba, sin esperar siquiera a comprobar si mi anterior escrito había logrado su propósito. Así es que en Preparando el centenario, publicado a finales del mes de mayo de 2020, tuve ocasión de bosquejar algunas de ellas, y hablar (una vez más) de la necesidad de dar visibilidad al paseo que lleva su nombre o la de recuperar el uso colectivo de la que fuera su casa en El Cervigón. No obstante, ya apuntaba entonces la conveniencia de integrar en las labores de preparación de los actos del centenario a diversos colectivos,  y citaba expresamente a entidades que habían asumido como propio el nombre de Rosario de Acuña (un coro de voces femeninas, una logia masónica, un instituto, una escuela feminista), al Ateneo Obrero (sociedad a la que estuvo vinculada) o a algunas otras que tienen su razón de ser en la defensa de algunos de los postulados por los cuales doña Rosario batalló a lo largo de su vida (Tertulia Feminista Les Comadres, Asturias Laica, Ateneo Republicano de Asturias…).  Los ecos que me fueron llegando resultaban tranquilizadores. Se me dice que, en efecto, el centenario está en la programación del equipo de gobierno municipal y que, aunque con algo de retraso, se trabaja en su organización. Tocaba, por tanto, esperar.

Ha pasado un año desde entonces y nada hay de nuevo: la que fuera su casa en El Cervigón continúa sin uso conocido; el paseo sigue en su cotidiana semiclandestinidad, carente de toda información… En el momento actual, a dos años vista de cumplirse el centenario de la muerte de Rosario de Acuña, las únicas noticias alentadoras que he recibido llegan de Pinto, localidad situada al sur de la provincia de Madrid donde ella vivió una de las etapas más cruciales de su biografía. Los planes que me han hecho llegar los responsables de una de las asociaciones culturales de la ciudad resultan muy alentadores: aumentar la dotación de obras en las bibliotecas municipales,  tanto las escritas por nuestra protagonista como las relacionadas con ella; dedicar el año 2023 del Aula de historia a Rosario de Acuña, con una programación mensual que abarque diversos temas afines a su trayectoria biográfica; programar un intenso calendario de actividades para el mes de marzo de ese año (exposición, ciclo de conferencias, proyecciones o la representación de una obra de teatro)…

Aunque ciertamente no nació en Pinto, como hasta hace bien poco se afirmaba, creo que existen indicios suficientes para pensar que quienes habitan en esta ciudad han dado pruebas evidentes del interés que despierta el recuerdo de quien fuera una de sus vecinas más ejemplares: desde hace ya un tiempo en su callejero hay una calle con su nombre; el pleno municipal ha aprobado diversas mociones para rescatar su figura del olvido; y en varias ocasiones su recuerdo estuvo bien presente en los actos organizados con ocasión de la Semana de la Mujer. Además, cuando el Ayuntamiento decidió abrir un proceso de votación popular para elegir el nombre de un nuevo centro social, el de Rosario de Acuña fue el elegido, y como tal es conocido desde que fuera inaugurado el día 6 de marzo de 2010 en una ceremonia en la que, por cierto, participó la por entonces alcaldesa de Gijón Paz Fernández Felgueroso. Sin duda, eran otros tiempos.

En los actuales, a dos años vista del centenario de la muerte de Rosario de Acuña, tan solo cabe esperar, en la confianza de que, al fin, tanto en Gijón como en Pinto se aprovechará esta ocasión que brinda el calendario, no solo para recordar la figura de esta incansable luchadora en pro de la libertad de conciencia y defensora infatigable de los más desfavorecidos, sino también para divulgar el rico patrimonio vital que nos ha legado. Que así sea.

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