La chuleta de Gabriel Rufián


Hay quien pensará que esta imagen es una redundancia léxica: un chuleta anda repasando una chuleta en un pasillo del Congreso. El chuleta en cuestión sería Gabriel Rufián y su chulería no sería una opinión, sino algo de lo que él mismo hace gala, acaso ignorando que el chulo es un estado netamente madrileño, algo que para un independentista catalán debería ser kryptonita. Rufián relee, concentrado, su chuleta antes de salir a contar a los medios el parte de guerra del secesionismo. El hombre está a punto de quejarse de lo chulo que se está poniendo Carles Puigdemont, de contar que su partido, ERC, no es «la criada de nadie», y de jurar que su objetivo, faltaría más, sigue siendo la independencia. O sea, sin novedad en el frente, y sin gobierno en Cataluña. No lo van a contar pero, en el fondo, la cosa va sobre quién y hasta cuándo va a seguir comiendo chuletón. A lo mejor acaban devorándose entre ellos. 

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