Hola, no soy Pablo Iglesias


Es como si este hombre se fuera a pasar la vida diciendo «Hola, no soy Pablo Iglesias, en serio». Luego, el que quiera que se lo crea y el que no, pues nada. He aquí a Pablo Iglesias d. c. (después del cristo). De la vicepresidencia y del 4M. Sin moño ni coleta, peinado en plan yo jamás rompí un plato, con el aspecto de, por ejemplo, un señor de Murcia, concentrado en la lectura de un libro sobre cine. Presuntamente relajado. Normal: no tendrá que someter la mutilación de pelo a la aprobación de los inscritos y las inscritas, como en los tiempos de Galapagar. Baste imaginar qué hubiese pasado si dicen que nanay y el hombre tiene que salir por piernas a colocarse extensiones. Quién sabe si a Pablo Iglesias sin coleta le pasará lo que a muchos amputados, que años después sienten el miembro. O sea, si el apéndice peludo, su espíritu, seguirá ahí. Si le dolerá. Ay, si yendo a la peluquería se pudiera romper con el pasado. Lo cierto es que no.

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