Crónica de un socialismo herido

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Wifredo García

29 may 2021 . Actualizado a las 10:39 h.

Pocas veces fue tan visible la fractura del Partido Socialista. Desde que estamos en democracia ha sufrido traumas como la falta de un liderazgo comparable al de Felipe González. Atravesó crisis de identidad. Pasó amarguras en el Gobierno con un Zapatero obligado por la comunidad internacional a una política que lo alejó de sus votantes tradicionales. Vivió con tristeza la división entre su tradición ideológica y los intentos de «podemización». Se vio obligado a mirar para otro lado cuando Pedro Sánchez decidió compartir poder con Podemos. Y con Sánchez recuperó el poder, pero en condiciones precarias y en medio de críticas como las de Alfonso Guerra y Felipe González, que llegó a decir que no se considera representado por este PSOE ni por ningún otro partido.

Ahora se dispone a pasar otro trago muy amargo: la gestión de los indultos a los políticos catalanes condenados. Aquí es clarísima la división entre los socialistas de la hornada Sánchez y los tradicionales. Hay declaraciones demoledoras como la de Alfonso Guerra («los indultos son injustos e ilegales»); la de Fernández «no se debe indultar a quien no lo quiere»; la de García Page (el mayor error de la democracia y «la condena del PSOE»), y la de Felipe González, cuya simpatía con Sánchez es perfectamente descriptible y la relación personal, inexistente. Se podría decir que el actual secretario general y presidente del Gobierno está más cerca de cualquier independentista que de su propio partido. Su soledad solo puede ser soportable desde la inyección de moral de Iván Redondo, que le atribuyó un «liderazgo valiente». Pero el señor Redondo, ay, no es militante.

¿Cuál ha sido el fallo de Sánchez para encontrarse ante una situación que no sería exagerado calificar como pre-cismática? Sin duda, la falta de comunicación interna. Sánchez no informó a sus barones, por lo menos a los barones. No los convocó para explicarles los motivos del posible indulto, convencerlos de su intención y darles argumentos de defensa para sus entrevistas o sus conversaciones diarias. Con ese vacío encontraron la noticia como cualquier otro ciudadano y reaccionaron con el mismo discurso, la misma nobleza y la misma indignación que algunos líderes de la oposición. Una gestión interna desastrosa.