Netanyahu, ¿adiós o solo hasta luego?

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

DPA vía Europa Press

05 jun 2021 . Actualizado a las 10:06 h.

Uno de los pilares de las democracias actuales es la regular celebración de elecciones y la rotación en el ejercicio del poder. El cambio frecuente en las personas que se ocupan del gobierno de los países garantiza o, al menos, pretende garantizar que estos no se perpetúen en sus cargos y, con ello, caigan en la corrupción y el nepotismo. No obstante, la determinación de la duración de este tiempo es objeto de encendido debate, ya que se presume que cuatro años es poco tiempo para la implementación de un programa político, ocho puede ser un poco más adecuado, pero doce se arriesga a ser demasiado.

Este es el caso de Benjamín Netanyahu, el primer ministro que más tiempo ha permanecido, de manera ininterrumpida, en ese cargo en la historia de Israel: doce años. Este controvertido y, a la vez, admirado personaje, ahora pendiente de juicio por corrupción, ha sido muy hábil negociando, una y otra vez, con otros partidos políticos para lograr el apoyo necesario en su candidatura a premier. Unas negociaciones que, sin embargo, no siempre le han permitido garantizar la estabilidad del gobierno, tal y como ha sucedido en los últimos dos años, cuando ha sido necesario celebrar cuatro comicios.

Tras las últimas votaciones parlamentarias del 23 de marzo, la expectación se ha mantenido extremadamente alta, no solo por el enfrentamiento de 11 días de duración con los palestinos, actuación que muchos consideran parte de la estrategia de Netanyahu para mantener el apoyo de la extrema derecha, sino por el reinicio del juicio contra él. Y los políticos israelíes no han decepcionado. El acuerdo imposible alcanzado in extremis entre la extrema derecha, el centrismo e, incluso, un islamista, ha dado como resultado una coalición de 8 partidos con 25 ministerios y la rotación bianual como primer ministro entre Naftali Bennet, el líder de los ultra de Yamina, y Yair Lapid, jefe de los centristas. Una combinación complicada que lo único que parece tener en común es su deseo de echar a Netanyahu del poder, aunque no está claro por cuánto tiempo.