El presidente Sánchez se cabrea

OPINIÓN

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a la reunión del Consejo Europeo celebrado este lunes en Bruselas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada a la reunión del Consejo Europeo celebrado este lunes en Bruselas FRANCISCO SECO

06 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Durante mucho tiempo, contemplando en los campos la tranquilidad y apacibilidad con que las cabras, las mías al menos, comen los pastos y se alimentan, me preguntaba cómo era posible que, verbalizados tales seres caprinos y serenos, cabrearse, con hinchazón de venas como ubres, terminara siendo sinónimo de enfado o de enojo, de alteraciones físicas y psíquicas, casi como diabólicas. Dije basta y decidí averiguar lo incomprensible. Consulté Diccionarios e Historias de palabras, como la de Espasa en 2015, dirigida por Juan Gil, y la de Ricardo Soca; también fui a las Etimologías de Javier del Hoyo, y a La seducción de las palabras, obra de Alex Grijelmo del año 2000. Resultó, finalmente, que la clave me la dio un extraño libro de un tal Gregorio Doval, libro extraño por anunciar en portada ser de «etimologías razonadas».  

La cuestión, al principio, no estaba clara. Unos veían en el cabreo caprino (perdónese la redundancia) unas rabietas y movimientos compulsivos de la cabras mismas al tiempo de alimentarse; pudiera ser que en esa posibilidad hubiera una confusión, confundiéndose las cobras, que sí mueven guerreras y muy nerviosas, la cabeza para inyectar venenos, con las cabras pacíficas, al menos las mías. Otros descendieron a la Edad Media para encontrar en sus arcanos los «cabreos» de los cabreros, dueños de cabras y cabritos, por tener que pagar impuestos altos por lo mucho que en aquellos tiempos, al parecer, comían los caprinos, dejando esquilmados los campos. Por tanta y buena alimentación, por cierto, resultaron tan suculentas las calderetas de cabritos cocidos. 

La explicación última, para unir cabras con impuestos, con resultado de cabreo, siempre al tratarse de impuestos, luego encabronados unos (los que pagan) y  cabritos otros (los que cobran), me pareció acertada y científicamente creíble. Ya dispuse, pues, de explicación acerca de lo del cabreo, gracias a las investigaciones de don Gregorio, «consultor, redactor y formador» que dicen sus títulos, y a su «etimología razonada», que cuestiona, por cierto, el contrario, que es lo de las «etimologías no razonadas» si es que quedan o hay. A todo se ha de añadir, y es muy importante, que la editorial gregoriana se llame «Del Prado», de rústica procedencia.