Síndrome del espejo: quiero ser Barbie
OPINIÓN
La pandemia ha puesto a la cirugía estética de actualidad, se ha incrementado la demanda de ciertos procedimientos estéticos sobre todo en la región facial. La mascarilla oculta los retoques que se pueden realizar en determinadas zonas como los labios, mentón o punta nasal y, por otro lado, deja al descubierto otras áreas, como los párpados y las orejas, lo que nos puede animar a corregir defectos en los que antes no reparábamos.
La imagen corporal es un factor que influye de manera positiva o negativa en la autoestima. Los medios de comunicación, la publicidad, la cultura y la sociedad juegan un papel fundamental en la definición de los patrones de belleza considerados como ideales. Además, estamos en la era digital, disponemos de información en tiempo real y las redes sociales nos inundan de fotos y vídeos de famosos que nos dan las pautas de belleza, marcan tendencias de estilismo y nos dan consejos para una vida sana y un cuerpo perfecto. Además, en revistas de moda, de actualidad y en medios digitales se ofrecen consejos y multitud de tratamientos sin ninguna evidencia científica. Hay un enorme imperio mercantil alrededor del mundo de la belleza y la salud que se afana en transmitir una imagen de belleza ligada a la juventud, y todo esto ha contribuido a que la demanda de tratamientos estéticos haya aumentado considerablemente en todos los países industrializados y a que muchas personas recurran a ellos para mejorar su imagen corporal.
La cirugía estética se ha convertido en un mercado muy lucrativo, por algo la cirugía plástica es la especialidad con más intrusismo que existe en nuestro país. Se ha banalizado de tal manera esta cirugía, que la gente busca un cirujano plástico por Internet como si estuviera comprando un taladro en Amazon. Y quizá esto ocurra porque la cirugía estética se realiza en personas sanas y no existe la conciencia de enfermedad, como en otras especialidades.
En ocasiones vemos pacientes que tienen una percepción irreal de su aspecto físico, es lo que se llama dismorfia corporal, dismorfofobia o síndrome del espejo. Se trata de un trastorno obsesivo que tienen algunas personas en corregir o mejorar algún aspecto de su apariencia física, a pesar de tener una apariencia normal para los demás, o ser un defecto tan pequeño que no precise ningún tipo de corrección. Se estima que el 2 % de la población padece dismorfofobia en algún grado, y afecta por igual a hombres y mujeres. Son personas que necesitan asistencia psiquiátrica. El caso llevado al extremo es el síndrome de Barbie y Ken, jóvenes que se someten a múltiples intervenciones para parecerse a unos muñecos que son adorados por muchos niños. Así, al conseguir parecerse a ellos también podrían conseguir la admiración de todos estos jóvenes que crecieron jugando con los muñecos. Por desgracia, estos casos suelen tener demasiada trascendencia, lo que puede animar a otros a hacer lo mismo. Decía el profesor Gasperoni, un eminente cirujano plástico italiano, que «los cirujanos que logran buenos resultados pueden ser muy buenos en su trabajo, pero muy malos médicos». Las personas con este trastorno no deberían ser operadas, pero por desgracia la sociedad ha perdido sus valores, y existe una falta de moral y ética en muchos profesionales en el mundo de la cirugía estética. Se trata de vender el producto sin importar el consumidor, porque ya se encargan el márketing y la publicidad de atraer a muchos consumidores.
Creo que en este complejo mundo de la cirugía estética todos tenemos parte de culpa, los cirujanos, los intrusos, el lobi empresarial que existe alrededor del mundo de la estética y las redes sociales.
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