Gobernar para la gente

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Marta Fernández Jara | Europa Press

25 jun 2021 . Actualizado a las 11:33 h.

Don Quijote aconsejó a Sancho cuando su escudero se hizo cargo de la Ínsula Barataria: «Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras has de hacer dos cosas: la una, ser bien criado con todos; y la otra, procurar la abundancia de los mantenimientos». En estos tiempos de desconcierto y tribulación, y quizá en todos los tiempos, esas pocas palabras podrían ser el texto de una placa colocada a la entrada del palacio de la Moncloa y de todos los ministerios. Ahora, desde luego, hacen mucha falta en la vida española. Hacen falta gobernantes que sean bien criados con todos, que mucha gente se está desentendiendo de la cosa pública por puro desencanto. Y hace falta procurar la abundancia de los mantenimientos, porque asusta el panorama que tenemos por delante, a pesar de las maravillas que nos cantan con la música de los fondos europeos.

Ocupados como estamos en la gran teología de la identidad catalana, se está perdiendo de vista el drama del desempleo y del futuro de los jóvenes, con índices de paro (cerca del 40 por ciento) que hablan de ruina de toda una generación, con una realidad certeramente definida como precariedad y con un desapego que ya afecta a la aceptación del propio sistema democrático. Eso es una luz de alarma que se está encendiendo sin que nadie parezca conmoverse y para la que solo se encuentra solución con un nuevo plan de empleo juvenil de incierto resultado.

Al mismo tiempo, en la parte superior de la pirámide de la edad, tenemos el grupo de quienes han superado los 55 años de edad, les faltan once o doce para la jubilación y están en tierra de nadie, con pánico ante la posibilidad de quedarse en desempleo, porque, si eso les ocurre, serán mayores para colocarse y demasiado jóvenes para jubilarse. En plenas facultades físicas y mentales, corren el riesgo de ser los nuevos marginados. Y, dentro de ese grupo, las mujeres. ¿Qué hace una mujer, por grande que sea su formación, si pierde su empleo a los 50 o a los 55 años? Eso es lo que debería preocupar al Ministerio de Igualdad, que no encuentra hueco para estos temas en medio de sus otras prioridades ideológicas.