La dudosa verdad del presidente

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

E. Parra. POOL

01 jul 2021 . Actualizado a las 09:31 h.

En medio de todas las dudas que suscita el independentismo catalán -dudas serias, profundas, que afectan nada menos que a la unidad nacional- surgió la voz de la seguridad del presidente del Gobierno. Fue ayer, en el Congreso de los Diputados, en un pleno que parecía un debate sobre el estado de la nación o una moción de censura al presidente del Partido Popular. Y fue muy contundente: España no se rompe, no habrá referendo de autodeterminación. Hasta donde pude escuchar, no expresó la misma seguridad ante la demanda de amnistía. Y terminó sus palabras de las 15,30 con un grito muy coherente con todo lo que había expresado en la sesión parlamentaria: «Optimismo es lo que necesita la sociedad».

El optimismo del señor Sánchez tiene buena intención: un presidente de Gobierno tiene que transmitir confianza y suscitar esperanza en el futuro. Para alimentar el pesimismo y el desaliento ya están los datos. Que se lo pregunten a Zapatero, el primer optimista antropológico, el gran político derrotado por los números fríos de una crisis. Ahora, la seguridad que intentó transmitir el señor Sánchez tropezó con dos obstáculos perfectamente previsibles. El primero fue Pablo Casado en discursos de extrema dureza, pero de gran eficacia para la mentalidad conservadora. Los vaticinios de Casado quizá sean alarmistas, desde luego no le aportan ni un voto en Cataluña, pero responden a un estado de opinión muy extendido y de frecuente eco en la opinión publicada. Y el nombre de Pedro Sánchez se enfrenta a un peligro evidente: no todo el mundo lo identifica con la verdad. Sus contradicciones han diseñado la estrategia conservadora: no es de fiar porque miente. Al señor Sánchez le parece improperio. A otros les parece una definición.

El segundo obstáculo fue puesto en la calzada parlamentaria por uno de los socios del Gobierno de coalición, el diputado de Esquerra Republicana Gabriel Rufián, y está cargado de maldad, como casi todo lo que dice Rufián. Sus cortas palabras cayeron sobre el pleno como una bomba de racimo: «Claro -le dijo a Sánchez-, también prometió que no habría indultos... Denos tiempo».