Fachas en feria. Los tres ejes de su agitación

OPINIÓN

Almeida, Ayuso y Casado, antes del inicio de la protesta de Colón contra los indultos
Almeida, Ayuso y Casado, antes del inicio de la protesta de Colón contra los indultos David Fernández | efe

03 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Aparentemente, solo aparentemente, las derechas andan agorafóbicas. Perdieron de vista las líneas que delimitan el terreno de la democracia y de la vergüenza y parecen moverse en un campo abierto sin lindes, ni normas, ni decencia, con el extravío de los agorafóbicos. Todo eso de que Franco trajo la ley y que golpistas, lo que se dice golpistas, son Sánchez y los independentistas, que el Gobierno votado en las Cortes es ilegítimo e ilegal, que no hay que remover el pasado, pero sí denigrar a la República, es decir, a la democracia, y blanquear la dictadura; todo eso de defender la independencia del Poder Judicial mientras bloquean su renovación y mientras el caso Gürtel pone sobre la mesa el desvergonzado asalto político del PP al sistema judicial para proteger sus fechorías; ese Tribunal de Cuentas lleno de militantes y hermanísimos, que no vio los desmanes de la Gürtel ni tantas otras desvergüenzas, y ahora ve tanta responsabilidad patrimonial en el asunto del procés; ese zarandeo a la Corona a la vez que gritan viva el Rey; ese chitón a empresarios y obispos porque solo es democrático hablar en el Parlamento, mientras ellos se desgañitan en Colón; todos esos ardores patrióticos tan sobreactuados, mientras en los pasillos de Europa tiran de la chaqueta a todo el mundo para que no se den a España los fondos de recuperación; ese sainete de Toni Cantó y la Oficina del Español; todo esto parece el activismo desordenado de un juguete roto. Pero no lo es. Hay, desde luego, juguetes rotos como Cantó y el propio Casado, que no deja de dar saltos a ver si Aznar lo ve o alguien le hace caso. Pero el conjunto sí tiene sentido; no necesariamente éxito, pero sí tiene rumbo.

C’s es el fantasma de algo que nunca fue real y el PP y Vox forman una pasta compacta. En este momento la derecha es un bloque con propósitos, lenguaje y métodos reaccionarios. Son, como se dice ahora, iliberales, es decir, fachas. Recordemos que los partidos reaccionarios ya no buscan sustituir a las democracias por regímenes formalmente dictatoriales. Una democracia formal con sus piezas y mecanismos degradados puede ser una dictadura de hecho. En nuestro sistema la separación de poderes está dañada. No hay separación del poder legislativo y el ejecutivo, porque el Gobierno manda sobre la mayoría parlamentaria que lo sustenta. Si se acentúa su actual infección partidaria, también el judicial dejará de ser un poder separado. Las leyes reconocen la libertad de prensa, pero basta mirar los quioscos para ver que la mayoría de la prensa es viable solo a base de lamer culos. El Tribunal de Cuentas, normalmente durmiente, nos recuerda estos días que también están tocados los órganos de control. No estamos en un sistema totalitario, pero los desconchados de nuestro sistema son un parque temático para ver el tipo de corrosión por el que una democracia formal puede acabar siendo el cascarón de un sistema totalitario sin libertades, sin separación de poderes, sin prensa independiente, sin sistemas de control y sin alternancia real en el poder. El PSOE, desde luego, participó en todas estas abolladuras de nuestra democracia, pero la derecha va más allá. Europa ya tiene en Hungría un estado totalitario encapsulado en una democracia formal. Esa es la orientación de la actual derecha española, donde las diferencias entre PP y Vox son cosméticas.

Las libertades solo se pueden perder como en Star Wars, con un estruendoso aplauso, tienen que perderse con el apoyo popular, sin que la gente note que eso es lo que está ocurriendo. Tienen que desaparecer de la política los argumentos, el debate racional y la información, y que el ambiente sea de agresividad y brutalidad. Y en eso están las derechas (el plural es retórico). Agitan el odio, el miedo y la irracionalidad en tres ejes.