Tiquismiquis con los gais

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

M. Dylan

Reto a Breogán a que refiera cuántos asesinatos, palizas, insultos, desdenes o dobladillos se han perpetrado en las últimas horas al grito de blanco de mierda, hombre tenías que ser o heterosexual asqueroso. Pocas dudas deberían asaltarnos cuando alguien vocifera la palabra maricón y a continuación le vuela la cabeza tras una cacería de 200 metros y el respaldo de una jauría. Claro que la orientación sexual de Samuel era una opción íntima pero para sus asesinos fue la espoleta que condujo a su muerte. ¿Habría muerto si sus verdugos no hubiesen concluido que era homosexual, si no hubiesen supuesto que por su condición se merecía un puñetazo o un ciento de ellos?

Todas las personas a las que se ha dedicado ese apelativo para agraviarlas saben que ese maricón, o ese negro de mierda, o ese puta te colocan en situación de riesgo simplemente por ser quien eres. Ese bisbiseo que te acompaña una noche al volver a casa y el corazón galopa con la esperanza de que se quede en eso, en un maricón deslizado casi siempre en grupo o en un chochito ven aquí de quien se cree con derecho a perturbarte. Desconsuela que a algunos les cueste tanto admitirlo. Que en estas horas tras el asesinato de Samuel, con el relato ofrecido por los testigos, no se reconozcan las hechuras de la homofobia porque su estruendo es de una evidencia que apabulla. Un Samuel heterosexual podría haber sido apalizado hasta morir por energúmenos semejantes pero aquí la espoleta fue ese maricón que algunos mastican como si fuera veneno. Hace unos meses, en un maravilloso bar de A Coruña alguien escribió en la pared «maricones fuera» en una estructura de odio que se repite a poco que se preste atención al mundo. Por eso desconsuelan esos reparos, todos esos tiquismiquis morales.