Brines, una elegía liberadora

OPINIÓN

La reina Letizia charla con el poeta Francisco Brines, en la casa del escritor en Oliva, el pasado 12 de mayo, cuando le entregaron el Cervantes
La reina Letizia charla con el poeta Francisco Brines, en la casa del escritor en Oliva, el pasado 12 de mayo, cuando le entregaron el Cervantes

12 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.
«Como si nada hubiera sucedido. / Ese es mi resumen/ y está en él mi epitafio. / Habla mi nada al vivo/ y él se asoma a un espejo/ que no refleja a nadie». Brines

Francisco Brines -Premio Cervantes 2020- falleció a los 89 años, pero pocos meses antes -mediados de noviembre de 2019- al poeta valenciano le era otorgado el premio. El jurado del premio afirmaba que su poesía era «intimista», y centrada fundamentalmente en «la memoria, el paso del tiempo y la exaltación vital». ¿Acaso la memoria, el paso del tiempo y la exaltación vital no desnudan la condición humana? La memoria como identidad, el tiempo como determinación y la exaltación vital como apuesta esencial. Brines dice: «El conjunto de mi obra, aun en los momentos en que aparece el cántico, no es otra cosa que una extensa elegía».

A escasos días de recibir físicamente el Premio Cervantes 2020 -en su casa de Oliva (Valencia) por razones de edad y salud- por los reyes y el director de la Real Academia Española (RAE), Brines fallecía en el hospital Francesc de Borja en Gandía (Valencia), después de una urgente intervención quirúrgica. Y el jurado del Cervantes afirmaba que «su obra poética, que va de lo carnal y lo puramente humano a lo metafísico, lo espiritual, hacia una aspiración de belleza e inmortalidad. Es el poeta intimista de la generación del 50 que más ha ahondado en la experiencia del ser humano individual frente a la memoria, el paso del tiempo y la exaltación vital. Francisco Brines es uno de los maestros de la poesía española actual y su magisterio es reconocido por todas las generaciones que le suceden».

Ciertamente, Brines, de hecho, nos habla siempre en su poesía de nuestra propia existencia como un paréntesis vital entre dos nadas. Pero hay intimismos idealistas y materialistas, y hay intimismos metafísicos y dialécticos. Y como si su poesía se hiciera realidad en su carne, días después de recibir el premio Cervantes -una gran exaltación vital, aunque pequeña- Brines se retiró a la nada, elegíaca y física. Porque Brines nos dice que «casi siempre he escrito desde ese sentimiento de pérdida. Y la pérdida tiene unos valores por sí misma. La respuesta de la poesía tiene ambas facetas: gracia y pérdida. Por lo tanto, en ella está lo positivo y lo negativo. Pero lo negativo en un poeta puede ser, incluso, gran poesía».