Aquí huele a bosta

María Hermida
María Hermida E SE CHOVE, QUE CHOVA

OPINIÓN

Quique García | Efe

18 jul 2021 . Actualizado a las 10:46 h.

No recuerdo bien mi edad. Ni sus caras o nombres. Pero todas éramos jovenzuelas. Estábamos en un campamento de verano y, cada vez que me acercaba a la tienda que teníamos que compartir, gritaban: «¡Aquí huele a bosta!». Quizás no les caí bien. O ni nos conocíamos. Lo sustancial es que el hecho de que yo fuese de aldea y ellas de ciudad les sirvió como insulto. Les funcionó. Me fui a los dos días. Han pasado unos treinta años y mi hija, urbanita, planea con sus amigas que de mayores volverán a las aldeas de sus abuelos para ser granjeras. Quieren tener vacas y cerdos y plantar una huerta grande, con mucha remolacha. Escuchándola a ella y a sus compañeras, que hablan de ese futuro rural y explican que van a tener que estudiar mucho primero, porque «cuidar de los animales y las plantas es un trabajo bueno para el planeta», parece que algo hacemos bien. Quizás sobra el plural y solo son ellos, los niños, los que naturalmente aciertan. El problema, dice el gran Tonucci, es que los críos se cansan de decirnos las cosas. Porque les oímos, pero no les escuchamos. Y cuando se cruza la línea de la adolescencia a veces dejan de hablarnos, hasta de oírnos, y escuchan a otros. Un día desayunamos con que 26 millones de personas, en su mayoría jóvenes, siguen al galope a un tipo llamado Naim Darrechi, una perla con una detención a sus espaldas, que dice que no usa preservativo y le cuenta a las chavalas que es estéril para que le dejen hacer. O escupe barbaridades sobre el aborto. Entonces, nos preguntamos cómo, por qué. Y apuntamos a ellos. Sin reflexionar sobre si nosotros, los adultos, en algún momento, hicimos o dejamos de hacer algo para que huela tanto a caca, que no bosta.