María Pedreda

21 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Sería una crónica larga, de guerra enconada, de jornadas sin freno. Sería una crónica amarga con olor a pólvora con olor a muerte. Sería. Pero yo quiero que sea un pañuelo de sudor a esperanza convertido en bandera blanca, en abrazo de hermanos, en heridas que el viento se lleve.

Ahora, sí. Ahora mi crónica cobra sentido. Se asienta en pilares sólidos, en arquitectura que comprende la realidad de la historia. Aún, cuando ésta se pretenda manipular ocultando los hechos o silenciando abiertamente su realidad.

Van pasando una a una las decenas y estamos en la quinta en pleno meridiano. Cuarenta años de oscurantismo manifiesto y de predominio monocolor, han dado paso a una transición que supera con creces el mismo guarismo, y hay frentes todavía levantados. Y hay «aguerridos» predicadores de la mentira manifiesta, de la negación de una realidad reconocida por todas las democracias y por todos los historiadores del mundo que no miren la historia con la lupa del oscurantismo.