Que no parezca que tiro mi voto

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Fernando Alvarado

20 jul 2021 . Actualizado a las 09:31 h.

Hace unos meses comentamos aquí el fichaje por el Partido Popular de un apparatchik de Ciudadanos con la finalidad aparente y real de destrozar al partido de Inés Arrimadas. El apparatchik se llama Fran Hervías y pasó directamente de la secretaría de organización de Ciudadanos a la planta noble del PP en la calle Génova. Se supone que llevó consigo la lista de cargos para tentarlos y llevarlos al rebaño de Pablo Casado y, en efecto, nada más tomar posesión de su nuevo empleo, comenzó la desbandada. Como llevan una temporada sin robar activos humanos del equipo de Arrimadas, pregunté si había terminado la agresión y se me respondió: «esperamos el momento oportuno para reanudarla, pero será espectacular; tenemos lista de espera».

El «momento oportuno» será cuando se aproximen las elecciones o cualquier otro, de forma graduada, para mantener la sensación de vaciado de Ciudadanos. Ya hemos escrito en alguna ocasión que nunca habíamos visto una operación tan descarada de destrucción de un partido político. Ahora, la señora Arrimadas decidió que el PP no era su adversario, sino su enemigo, y respondió con un lenguaje de resistencia: «Nunca nos rendiremos». Sonaba a Numancia sin víctimas mortales. Y sonaba, sobre todo, a mensaje a simpatizantes: frente a los avisos de absorción de Pablo Casado y de Teodoro García Egea, se avisa que no habrá fusión con el PP. Es la mejor forma de comunicar vida y ganas de vivir. El anuncio de unión del centro-derecha es un arma de destrucción perfecta de Ciudadanos.

Creo que la señora Arrimadas hizo lo correcto. Resistir, en este caso, es sobrevivir, y muchos lo agradecemos porque creemos que la existencia de un partido como Ciudadanos es cada día más necesario en este país. Pero el asedio del Partido Popular no es su mayor problema. Su mayor problema es que esa necesidad de Ciudadanos sea una necesidad romántica porque muchos de sus viejos votantes han llegado a una conclusión mortal: votarle es tirar el voto. Eso es lo que le ocurrió en la Comunidad de Madrid, donde quedó fuera de la Asamblea, para desconsuelo de cien mil personas que escogieron su papeleta.