El enigma Casado

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Gustavo Serrano

21 jul 2021 . Actualizado a las 09:11 h.

No es frecuente analizar un período tan corto como tres años en la biografía de un político. Sin embargo, en el caso de Pablo Casado se está haciendo. Cumple un trienio como presidente del PP y se está escribiendo sobre su mandato casi como si fuese el mandato de un presidente del Gobierno. Creo que hay una justificación: existe el «enigma Casado», es decir, una discusión sobre sus cualidades políticas, sobre sus posibilidades de ganar y sobre su disposición (o no) de hacer un pacto de gobierno con Santiago Abascal, el hombre que le quita votos, pero le puede dar la presidencia, tal como se pronuncian las encuestas a fecha de hoy.

Entiendo que Pablo Casado, como todo el mundo, tiene una cara buena y otra que no llega a ser mala, pero no es tan positiva. En el haber de su cara buena este cronista anota varias cualidades. Primera, su capacidad de trabajo. Es incansable, trata de estar en todas partes y nadie le puede acusar de desidia; ni siquiera de lentitud. Segunda, que es de los pocos líderes capaces de mantener un discurso coherente de una hora sin papeles. Tercera, que supo consolidar su liderazgo en el partido. Hoy no tiene quien le haga sombra. Las adhesiones de su grupo parlamentario son verdaderamente notables. Y la cuarta, un toque de fortuna. Solo a la fortuna se puede atribuir que cuente con barones leales y triunfantes en su territorio como Núñez Feijoo en Galicia y Moreno Bonilla en Andalucía. Ambos dirigentes, más la aparición del fenómeno Ayuso en Madrid, son para él un colchón de enorme validez.

En el debe, una consideración inicial: cómo es posible que, con los rechazos que provoca Pedro Sánchez, el Partido Popular no esté «barriendo» en las encuestas, aunque muchas lo sitúen en primera posición. Eso significa que algo falla en el mensaje, en la estrategia o en la credibilidad de sus dirigentes. Mi teoría es que Casado es demasiado catastrofista en su discurso. En las últimas elecciones generales, como anotamos entonces, le sobró bronca y le faltó vender ilusión. En las sesiones de control tiende más a la destrucción de Sánchez con palabras inmensas que el viento lleva que a la destrucción eficaz por el dato. Y así, la contundencia estéril mata al argumento eficaz. ¿Son defectos corregibles? Naturalmente que sí, pero requieren disciplina, aprendizaje y convicción.