Llamada en la siesta

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

OPINIÓN

MABEL RODRÍGUEZ

24 jul 2021 . Actualizado a las 09:55 h.

Los caminos del márketing son tan inescrutables que hace unos años se extendió la especie de que en las proyecciones de las películas te colaban mini frames de publicidad imperceptibles para el ojo pero evidentes para el subconsciente. Con esa estrategia, tu voluntad quedaba doblegada por una fuerza desconocida que estiraba tu mano hacia unos productos y la retiraba delante de otros. El asunto tenía todas las hechuras de una leyenda urbana pero confirmaba ese no sé qué misterioso que envuelve el sofisticado acto de comprar.

Hay todo un corpus teórico sobre las estrategias de convicción del consumidor en la selva cada día más enmarañada del capitalismo. Ante una oferta casi infinita no siempre triunfa el mejor sino el que mejor se vende. Pasó con el vídeo doméstico, con tres estándares que convivían en un mercado que acabó expulsando a los mejores.

En general, una es capaz de comprender las estrategias por puñeteras o malvadas que estas sean porque tienden a convencerte de que tu elección es voluntaria o satisfactoria. Por eso es tan complicado entender qué gana una empresa cuando intenta venderte algo fastidiándote. Hablo de todas esas compañías que se cuelan en tu teléfono a las horas más imprudentes del día para colocarte un producto que ni necesitas ni quieres. Al otro lado de la línea irrumpe una voz cuyo propietario será un precario que trabaja entre cuatro plásticos por un salario mísero y que te suelta el chorro de la oferta con cadencia de máquina y una convicción doblegada por miles de noes. Hay tantas dudas en torno a esa estrategia que no se entiende qué beneficios reporta a unas empresas a las que acabas odiando. Seguro que ellas lo saben.