Me comenta una amiga psicóloga especializada en violencia de género lo que yo ya sé por mi experiencia profesional. Los maltratadores son personas controladoras y con un bajo nivel de autoestima que quieren aumentar a medida que bajan la de la otra persona a la que agreden. Poseen una importante inseguridad en sí mismos y una baja capacidad para gestionar sus propias emociones y de empatía hacia los demás, unido a una baja tolerancia a la frustración. Se trata de personas llenas de prejuicios y estereotipos que suelen reaccionar de manera agresiva cuando algo no corresponde con sus planes y expectativas. No actúan por arrebatos, sino que realizan el maltrato de forma voluntaria e intencionada conociendo que dichos actos suponen una vulneración de los derechos de la parte agredida. Son tremendamente narcisistas y, por lo general, fuera del ambiente doméstico hacen, y en muchas ocasiones lo logran, lo indecible para resultar el más encantador de los mortales. Pero al llegar a casa la bestia se quita el disfraz y ocurre lo que ocurre. Ya son 30 las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en el 2021, habiendo quedado huérfanos 13 menores como consecuencia de estos crímenes y dos han sido asesinados por sus padres. Hay que poner fin a esta lacra. Desde la educación y desde la legislación. Que todo el peso de la ley caiga sobre estos cobardes sin que exista el más mínimo margen para la tolerancia. Que las maltratadas llamen al 016 a la primera agresión y que se examinen los casos con lupa para que jamás paguen justos por pecadores.
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