Vivir en Fortnite

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

OPINIÓN

07 ago 2021 . Actualizado a las 10:01 h.

Explica el comisario Pedro Agudo, al frente de la investigación por el asesinato de Samuel, que la espeluznante espiral de violencia que acabó con la vida del joven coruñés, esa saña de la jauría, esa ausencia de arrepentimiento, tiene que ver con el Fortnite. Manejan este videojuego camadas sucesivas de chavales con el objetivo final de salvar el mundo digital en el que operan, según descripción de Wikipedia, aunque el policía refiere que los puntos hacia el objetivo se consiguen pateando la cabeza del enemigo. En ese entrenamiento lúdico residiría la saña con la que hoy concluyen las peleas que, según sociólogos y observadores de esta nuestra juventud, son sustancialmente diferentes a las que librábamos nosotros, cuando al parecer las horas muertas se despachaban todas comiendo fichas rojas del parchís.

Pero yo recuerdo otras calles, por ejemplo en los ochenta, cuando era fácil encontrarse con el brillo de una navaja en plena calle; cuando había bandas en los barrios que quedaban para mazarse a golpes; cuando en los colegios las letras todavía entraban con sangre; cuando había territorios comanches en casi todas las ciudades del país, zonas hostiles por las que era mejor no transitar. No había Fortnite entonces, pero sí heroína y también más miseria.

Así que ante el asesinato repugnante de Samuel, con todos sus ingredientes, con esa incredulidad que nos asalta cuando una manada ejecuta a un hombre indefenso sin que ningún clic la obligue a parar, la explicación colectiva penaliza a toda la juventud y su forma de entender el ocio, como si los de antes hubiésemos sido ángeles en una sociedad paradisíaca en la que los monstruos eran neutralizados por la razón.