¡Deshágase la luz!

OPINIÓN

María Pedreda

19 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Esta luz amañada, al menos. No creo que nadie se sorprenda de que quien tiene el poder a base de acumular riqueza maquine dentro del poder político para conseguir «legalizar» procedimientos ilegítimos de enriquecimiento que perpetúan el orden establecido. Siempre ha sido así.

Pero sí sorprende a una parte de la sociedad, y mucho, que haya gente, igualmente afectada por el latrocinio energético, que defienda esas prácticas abusivas en virtud de una suerte de Síndrome de Estocolmo, interesadamente promovido por los predicadores neoliberales. Fundamentalistas del lucro indiscriminado del que esperan poder beneficiarse por sus supuestos méritos, siempre arduos y muy superiores a los de los vagos que reclamamos justicia social sin dar un palo al agua. Claro, va a ser eso: somos de esos que salían de juerga cuando ellos estudiaban y ahora, que, en consecuencia, somos iletrados y tenemos un infraempleo de mierda, queremos que nos den jamón ibérico a precio de choped. Cuántas veces habremos oído o leído estos argumentos pueriles. En fin.

Esta tropa es buen ejemplo de alienación y colaboracionsimo: víctimas del atraco explicando al resto de damnificados que una buena parte de la factura de la luz corresponde a varios impuestos gestionados por el gobierno de turno. Ponen la responsabilidad ahí cuando no gobiernan sus amos para no hablar de que, tributos aparte, estamos pagando la luz al triple de lo que cuesta producirla debido a un sistema de establecimiento de precios diseñado a la medida de la codicia del cártel energético; choped a precio de jamón ibérico. Para no hablar de las privatizaciones de empresas públicas que conllevarían bajadas de precios, del «déficit de tarifa», del impuesto al sol o de que el presidente de una de estas compañías gana mil veces el salario mínimo —algo que el integrismo económico justifica apelando a un mérito del todo inverosímil—. Y para no hablar de que para que esta aberración se mantenga imperturbable ante la estupefacción e indignación de una multitud menos, igual o más trabajadora, inteligente y cualificada pero, eso sí, más honrada, hace falta que expresidentes y exministros se lleven una parte del botín, entre otros altos cargos implicados en una regulación que debería proteger de la especulación a los servicios básicos. Para conocer el resultado de la privatización de la sanidad, véase EEUU. Y, después, récese para que no ocurra.