Plegaria en Oradour

OPINIÓN

Brigitte Trogneux, esposa de Emmanuel Macron, con su marino en Oradour-sur-Glane
Brigitte Trogneux, esposa de Emmanuel Macron, con su marino en Oradour-sur-Glane POOL | Reuters

24 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Que no nos veamos nunca en una situación similar a los aquí protagonistas; nosotros ni los que nos sucedan. No sólo como víctimas, el papel en el que todos los visitantes que deambulan en estas calles nos situamos instintivamente, por la pura empatía y elemental humanidad que nos queda. Pero tampoco en el lado de los victimarios, algo que nos parece impensable e insultante sólo con enunciarlo; pero recordemos que aquellos que diseñaron, cumplieron y ejecutaron las órdenes eran también hombres y no bestias, aunque se comportaran como tales.

Que ninguna consideración común ni objetivo colectivo (del pueblo, de la «raza», de la nación) lleve al fervor de sobrepasar o aplastar los derechos inalienables de cada uno, empezando por la propia vida. Que las apelaciones al alma nacional o las construcciones imperiales no resuenen en el corazón de nadie ni les hagan sentirse interpelados. Que en aras del bien común y de sacrosantos ideales no se enmascare el crimen ni se justifique ningún poder abusivo.

Que no seamos partícipes de las simplificaciones y constatemos que las sociedades avanzadas material, política y culturalmente pueden también ser capaces de desvirtuar hasta la médula sus instituciones y entregarse paulatinamente hasta la insania, sin casi advertirlo. Que se valore el conocimiento de la historia y su aprendizaje continuo, palpando en nuestras raíces, también en las más dolientes, la vivencia de lo que fuimos.