El confinamiento ilegal: Sentencia y votos particulares (Segunda parte)

OPINIÓN

Una terraza de la calle Uría, en el centro de Oviedo, en pleno confinamiento por el coronavirus
Una terraza de la calle Uría, en el centro de Oviedo, en pleno confinamiento por el coronavirus J.L. Cereijido

29 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La mayoría de los magistrados del Tribunal Constitucional, en relación al primer estado de alarma decretado, del 14 de marzo de 2020 al 20 de junio del mismo año, decidió que por el Gobierno tenía que haberse declarado el estado de excepción, no el de alarma, al no estar amparada la medida del confinamiento domiciliario, o sea, la prohibición de circulación por vías o espacios públicos, por el decretado estado de alarma, siendo, en consecuencia, tal medida declarada contra la Constitución. La Sentencia 148/2021 del Tribunal Constitucional reitera, por mayoría de magistrados, que el estado de alarma es únicamente un instrumento jurídico de limitación, no de suspensión, de derechos fundamentales, lo cual es contradicho, más o menos razonadamente, en los votos particulares. La cuestión políticamente es muy importante. 

Leyendo los votos particulares de los minoritarios magistrados del TC., cuidadosos en no molestar al Gobierno acaso por lo que éste pueda «dar» a algunos a cambio en un futuro inmediato, caso del Presidente y del otro que quiere llegar a serlo, y leyendo también lo que escribieron otros defensores, a sueldo, del Gobierno, cabe preguntarse ¿Qué clase de confinamiento vivieron algunos? ¿Se olvidaron de los miles de muertos sin despedidas o duelos, o de los multados con fuertes sanciones pecuniarias? La llamada Teoría de las élites ya explicó cómo los gobiernos, a veces, incluso, los regímenes políticos, caen y las llamadas élites de los mismos permanecen (caso del franquismo); hay también otras élites, «segundonas», más de sube y baja, que acompañan a los nuevos gobiernos en su ascenso y que dejan de serlo cuando los gobiernos caen. 

Acaso no se haya estudiado todavía cómo se comportaron los diferentes tipos de élites en la pandemia del COVID-19, teniendo la sospecha de que la desigualdad social existente en la población española haya aumentado en ese tiempo. Así resultó que, por ejemplo, que los funcionarios públicos tuvieron aumentos en su salario, no habiendo vivido el confinamiento como los empleados del ámbito privado, muchos en paro, sin salario o con salarios reducidos, con «eres» y demás. He ahí una primera desigualdad escandalosa entre los trabajadores/as de lo público, incluidos los legisladores, magistrados, profesores, etc.) y de lo privado.