Siempre Cadavedo

29 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Un día de fiesta es fácil reclamo. Huele a café en las terrazas con aroma de risas, con trajes recién planchados, con corbatas de nudos anchos, modernos, con sabor a libertad. Brillan, también, primorosos los zapatos.

Un día de fiesta es distinto. Tiene un recuerdo en el tiempo y una alegría contagiosa a propios y a extraños. Vienen de fuera, de todas partes de Asturias y de allende los mares. No se les pide su identidad del carné ni el idioma de sus gustos culinarios.

Aquí, las ventanas siempre están abiertas, haga sol, llueva a cántaros.

Aquí, aunque cada finca tenga su «portiecha», no precisa pulsar ningún timbre. A todos abrimos con los brazos extendidos: mayores, pequeños, mujeres, paisanos.