Lo que El Prat hizo evidente

OPINIÓN

Kike Rincón

19 sep 2021 . Actualizado a las 13:22 h.

El bloqueo provisional de la ampliación del aeropuerto de Barcelona-El Prat, mediante una compleja operación de imagen y chantaje que Sánchez y Aragonés ejecutaron como auténticos tahúres, puede ser considerado como un espejo de plata en el que se reflejan con maestría todas las tropelías, irresponsabilidades y chalaneos que definen el actual desgobierno de España, además de servir como un desgarbado inventario de lo que más le mola a la mayoría de investidura que dicta (sic) la política del país. 

El proyecto de ampliación de El Prat no está terminado ni aprobado, lo que no impidió que, contando los euros por mancheas, como los grelos, tuviese asignada la sideral cantidad de 1.700 millones de euros. Tampoco pasó, lógicamente, por el Consejo de Ministros, por lo que, cabe suponer, la partida procedente de los fondos Next Generation -que la UE apoyó, sin leerlos, por su pulcritud, precisión y transparencia-, debe estar justificada por la imperiosa necesidad de darle dulces masajes a ERC y a la mesa bilateral monárquico republicana (vulgo aquelarre) que se va a reunir esta semana. Dicha mesa, lo sabemos todos, atenta contra el concepto de Estado, y pone manga por hombro el desarrollo de una España constitucionalmente descentralizada. Y, por eso, la inversión de El Prat tuvo que decidirse y pactarse a la brava, sin expediente concluido, por tres fontaneros de la Moncloa y tres amigos de Rufián, que no levantaron actas del acuerdo ni de su ruptura. Porque solo así se explica que el proyecto más colosal del momento haya entrado en la agenda una tarde cualquiera, gracias a un tuit, y se esfume -¡o no!- poco después, en otro tuit.

El Prat es competencia del Estado, y lo que justifica esta inversión es la organización del tráfico aéreo internacional en España. Y por eso no es de recibo que esta obra estratégica y capital para la España resiliente no se va a ejecutar porque Rufián y Junqueras no quieren, y porque «a Cataluña no la toca ni dios». Este colosal e hipermegaguay aeropuerto convive, en el seno de la mayoría Frankenstein, con el cambio del modelo energético y la sagrada sostenibilidad de las brañeiras europeas. Y por eso no tiene sentido que se hubiese programado esta obra -aquí anduvo lista Yolanda Díaz- para inaugurarla cuando ya esté en vigor el plan de reducción de vuelos de corta y media distancia.