Una economía digital

José M. Fernández

OPINIÓN

María Pedreda

18 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La tecnología de la información emplea hoy a miles de personas en Asturias. Mientras mirábamos para el carbón y hormigónabamos medio paraíso natural, el futuro se convirtió en presente y la economía de lo virtual, de la nube, de los datos se ha convertido en algo absolutamente real y tangible.

Google, microsoft, facebook son transnacionales con una enorme importancia económica. Pero no solo tenemos que fijarnos en los cinco grandes. Zoom ha superado los 100.000 millones de euros de capitalización bursátil solo haciendo videollamadas. Dropbox cobra por almacenar nuestros datos y apareció en bolsa en 2018 con un capital superior a los 11.000 millones de dólares.

La mayoría de las empresas que dominan el mercado no son europeas. En España, y Asturias en particular, parece que solo podemos aspirar a que uno de los big tech ponga un almacén en nuestra tierra. Es cierto que hay ejemplos muy meritorios de gente que está trabajando aquí construyendo empresa y conocimiento. Así como iniciativas públicas que están ayudando a que no nos quedemos del todo atrás. Pero, precisamente por eso, es necesario que Asturias ponga el foco en la economía de las tecnologías de la información. Hay una importante concentración de personas capacitadas y un tejido empresarial y asociativo que debería ayudar a que Asturias exista en el nuevo mundo económico.

En el pasado, en el mundo ganadero, la Central Lechera supuso un paso importantísimo para el sector. Más recientemente las cooperativas de consumo han ayudado a concienciar sobre la importancia de la agricultura ecológica y ese sector está creciendo y tiene un nicho de mercado cada vez más amplio y estable.

Para la mayoría de las personas no está a nuestro alcance crear una empresa para competir con google. Para la mayoría, lo que está a nuestro alcance es modificar nuestro consumo tecnológico. Las big tech se han creado con millones de consumidores pequeños, la importancia de cómo consumimos es determinante. Pero trabajar individualmente por cambiar los hábitos e intentar no usar los productos de las grandes transnacionales es una tarea casi imposible para la mayoría de inmigrantes digitales. Inmigrantes en este mundo digital somos cualquier persona que tenga más de cuarenta años. Se habla de la brecha digital más patente, pensando en personas de 80 años, pero somos muchas las personas con una brecha digital vergonzante, que relamente solo sobrevivimos con nuestros papeles precarios en este país digital donde siempre seremos extranjeros.

Si unimos las dos ideas, el éxito de las cooperativas y la imposibilidad de hacer cosas de forma individual, sale el proyecto de Nuberu digital. Una cooperativa de consumo de productos en la nube. Tenemos que reducir la dependencia de las grandes transnacionales de la información. Consumir de la forma insconciente que lo hacemos supone construir una sociedad vulnerable, en lo económico, pero también en los derechos. De nada sirve hacer leyes aquí, si entregamos todos nuestros datos a empresas radicadas en EE UU.

Necesitamos crear otra Central Lechera, pero ahora de las nuevas vacas, los datos. Crear una cooperativa de consumo es crear un instrumento para ayudar a establecer sinergias entre sus cooperativistas y generar valor sin salir de Asturias. No podemos aspirar a que todo el talento esté subordinado a trabajar en grandes transnacionales. Necesitamos que haya puestos de trabajo de dirección aquí y para eso necesitamos proyectos que estén aquí

Nuestra propuesta es modesta de principio, porque creemos que para ir lejos, hay que ir despacio. Son proyectos cooperativos como este, los que ayudan a construir una economía del siglo XXI en Asturias.

Cooperativa Nuberu digital - Eva del Fresno, José M. Fernández y Enrique Pañeda