Si hay algo que no puede haber en esta pandemia de covid-19 son certezas rotundas. Nadie tiene una bola de cristal que permita predecir inequívocamente lo que acontecerá en los próximos meses ni posee el secreto de una solución mágica que detenga todos los estragos que origina el virus. Por ello tenemos que ser prudentes, cautelosos, vigilantes y estar listos para actuar de manera decisiva si la dinámica pandémica genera sorpresas que puedan hacernos tener tropiezos o nos devuelve a pantallas anteriores en la lucha contra la pandemia que exijan medidas contundentes para frenar su avance. No pensemos que la vacunación lo resuelve todo de un plumazo. La situación es mucho mas compleja que eso.
El virus ha producido más de 222 millones de contagios documentados en el mundo, 64 millones en Europa y casi 5 millones en España. El virus esta activo, se transmite en forma comunitaria en la mayor parte de países del orbe, tiene una alta tendencia a mutar y producir variantes más contagiosas y amenaza con una mayor tendencia a eludir la eficacia de las vacunas hasta ahora desarrolladas.
Mientras no se abatan las altas tasas de incidencia en el mundo y prosigan el ritmo de contagios pronunciados, especialmente en los numerosos países que aún no logran poner en marcha sus estrategias y programas de vacunación, tendremos una mayor proclividad al surgimiento de variantes amenazadoras, como la Delta, como la Mu o como la sub estirpe de la variante sudafricana, que pueden jugarnos una mala pasada con la inmunidad hasta ahora alcanzada. Por ahora contamos, para aquellas personas que han sido vacunados con pauta completa, en aquellos países que han podido tener acceso a las vacunas, con la protección que al ser inmunizados se genera ante la severidad, el riesgo de hospitalización y el riesgo de muerte. Pero no tenemos todavía ningún instrumento farmacológico que frene los contagios y por ende siguen teniendo vigencia las medidas no farmacológicas (acciones de protección y prevención y restricciones a la interacción social desprotegida) para frenar el avance de la enfermedad.
Ningún escenario es totalmente previsible y los equilibrios son tan precarios que no resulta sencillo ni mantener a raya al virus y su capacidad infecciosa y mutante, ni asegurar la protección de la población a pesar del importante desarrollo y aplicación de vacunas. Se pueden construir modelos, hacer proyecciones, intentar predecir tendencias, pero tenemos muchos imponderables que relativizan esos ejercicios: la biología del virus, el surgimiento de variantes que escapen a las vacunas, la duración de la inmunidad y, no menos importante, los comportamientos individuales y sociales ante el fenómeno pandémico
En el caso de España es muy importante no echar las campanas al vuelo porque la incidencia vaya en descenso y haya llegado a los 94 casos por cien mil habitantes. Recordemos que los umbrales de verdadera seguridad son 25 casos por cien habitantes, casi cuatro veces menos de lo que ahora tenemos.
Tampoco debemos caer en la trampa de la ilusoria inmunidad de grupo pensando en que, por haber vacunado a más del 70 % de la población diana, tenemos garantizada una protección colectiva ante el riesgo de contagios, especialmente cuando no contamos con vacunas inmunizantes. Eso es un espejismo. Hay que seguir vacunando hasta completar el 100 % de la población diana para conferir protección individual ante el riego de severidad, hospitalización y muerte. Pero ni siquiera en esas circunstancias estaremos exentos del riesgo de infección y de contagio especialmente por variantes amenazadoras que puedan surgir en lo sucesivo
Debemos estar orgullosos de que España es uno de los países con más alta tasa de vacunación y de haber aplicado ya la pauta completa a 35 millones de personas. Eso es mérito de todos y no debemos cejar en el esfuerzo que aún resta. No nos olvidemos de que aún falta por vacunar a 7 millones de personas mayores de 12 años y que mientras no estén inmunizados tendremos un importante grupo de susceptibles entre quienes puede campear el virus y recrudecerse el numero de contagios especialmente por variantes amenazadoras
Tengamos claro que lo que ahora toca es una gran cautela, asegurar un regreso seguro a las aulas sin relajar medidas, ratios y distancias a fin de prevenir brotes en la población escolar, completar la vacunación de los varios millones que todavía no están inmunizados, vigilar estrechamente la penetración de nuevas variantes, no dejar de hacer pruebas diagnosticas y rastreos exhaustivos y proseguir aislando a positivos y cuarentenando a contactos estrechos aun si están vacunados. Y tener mucho cuidado con la desprotección en las interacciones sociales porque ese factor puede retrotraernos a una dinámica epidémica mas seria.
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