Lo primero y lo último del Tribunal Constitucional

OPINIÓN

Sede del Tribunal Constitucional, en una imagen de archivo
Sede del Tribunal Constitucional, en una imagen de archivo Gustavo Cuevas | Efe

26 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.
«Dos fueron las esenciales conquistas: la refundación del derecho a escala internacional y la democracia en el plano estatal, generadas por las duras lecciones impartidas por las tragedias de las guerras mundiales y los totalitarismos».  Luigi Ferrajoli 

  I.- Lo primero (1ª Parte)

Me cuenta un amigo de un magistrado del Tribunal Constitucional que éste, recientemente, como para desahogarse, se llevó las manos a la cabeza, y exclamó: «¡En qué lío estoy metido». Lo de magistrado, por experiencia, supe que era oficio difícil, y lo de magistrado del Constitucional supe que era más difícil todavía, pues no sólo se trata de hacer Justicia entre particulares, sino que, para defender la Constitución, el Tribunal Constitucional, ha de frenar y limitar al Poder mismo, al todopoderoso e ilimitado como Dios mismo, al Gobierno. 

Siempre me acordaré del primer Presidente, don Manuel García Pelayo y Alonso, autor del formidable libro que tanto estudié en segundo de carrera, Derecho Constitucional Comparado. Un García Pelayo que murió en Caracas en 1991, adonde había regresado tras renunciar en 1986 a su puesto en el Tribunal Constitucional español, que presidió durante seis años. A don Manuel «hundió» la primera sentencia acerca de la expropiación de Rumasa, la STC 111/1983, de 2 de diciembre, que, por su voto de calidad de Presidente, fue desestimada, a favor del Gobierno de Felipe González, la inconstitucionalidad pretendida y alegada del Real Decreto Ley 2/1983, de 23 de febrero, de la Expropiación de Rumasa.