Panteísmo canino

OPINIÓN

Perro de asistencia para personas con autismo
Perro de asistencia para personas con autismo

«Me mira, me acaricia, me ríe, qué encanto de animal, qué suerte tienes…»

Laconismos de este tipo y similares los encontramos en cada momento del día y en cada lugar  de «encuentro» en mi ciudad. Y, ¿de cualquier ciudad española o del mundo «civilizado» mundial?

Esta, precisamente, es mi pregunta que, además, no necesita respuesta, pues es tan obvia como evidente que no necesita de la tenue llama del candil a plena luz del sol.

Lo cierto es que este intercambio amoroso-sentimental-afectivo se cruza más entre las personas del débil sexo que entre los machos varones.

Esa es, hasta ahora, mi observación diaria y de calle. Pero. Pero, el panteísmo canino no tiene límites. Comprende todo el campo de acción desde el alba al ocaso del día. Desde la calle corriente y triste hasta el más lujoso salón del palacio «real». Tienen, los caninos, alimentos refinados en cualquier tienda o supermercado…

Ropas de punto, de lana, algodón o transparentes. Se hacen o les hacen la manicura  como a cualquier persona adulta. Disponen de médico, clínicas veterinarias. Masaje…Tal vez, haya una laguna «nauseabunda» en este panteísmo canino: la evasión de impuestos. Viven, sus dueños, en permanentes paraísos fiscales al no tributar por ellos a la Hacienda pública.

Y, además, aunque recojan sus «cacas», dejan que sus pis se peguen en árboles y esquinas y, no hay servicio municipal alguno ni diligencia oportuna de sus dueños para evitar dichos perfumes que se evaden de los inspectores de hacienda climatológicos: hielos, lluvias, nieves.

No todo, pues, es belleza y decoro en este mundo propiedad privada de este panteísmo canino.

Besos en labios, apretujones de senos, caricias que a los seres humanos niegan… esta es la ley del embudo del panteísmo canino que a mí no me ofende; pero que da «asco».