Buenos días, socialdemocracia

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Rober Solsona | Europa Press

19 oct 2021 . Actualizado a las 09:53 h.

Del congreso del Partido Socialista (futuro Partido Socialdemócrata Español) se puede decir lo que se quiera, pero sin ignorar la que me parece la gran verdad de esa asamblea: como acto de partido, les ha salido perfecto. Ignoro qué impacto tendrá en la sociedad, seguramente limitado; pero a efectos internos y de liderazgo no pudo salir mejor. Para sostener este diagnóstico me basta recordar la situación del PSOE hace más o menos cinco años. Era un partido en descomposición, sostenido a duras penas por el indiscutible Alfredo Pérez Rubalcaba, a quien tanto debe la sociedad española. Pero no tenía ideas, ni atractivo para las nuevas generaciones, ni incorporaciones de personas sugestivas.

En este congreso de Valencia tampoco se puede decir que haya visto una gran exhibición de ideas, porque lo más novedoso ha sido el propósito de derogar dos leyes de Rajoy y avanzar hacia la meta de prohibir la prostitución. La otra gran novedad -por cierto, muy poco destacada- fue la creación de una Secretaría para la Reforma Constitucional de la que no sabemos absolutamente nada: no sabemos si está pensada para encauzar el federalismo de algunos de los dirigentes del partido o para acallar las voces que, antes del congreso, habían pedido que se suscitase el debate monarquía-república. Nos quedamos con la duda.

En todo lo demás, las sonrisas, los aplausos y las caras de felicidad estaban justificadas. Si el PSOE había atravesado una crisis de unidad, se hizo todo lo posible por tirar pelillos a la mar y aparecer como una piña más unida que nunca. La adhesión de Felipe González está manifiestamente sobrevalorada, porque pidió más lealtad hacia su proyecto, pero no acabó de dar la suya al proyecto de Sánchez; pero queda la foto del abrazo, que es lo que vende, y queda una colección de arrepentidos que en su día consideraron a Sánchez un sacrílego y hoy le perdonan, lo suben a los altares y lo adoran. Cualquier día lo proclaman patrón de las Españas. Hasta donde sabemos, nadie le discutió una palabra, nadie mostró la menor discrepancia, nadie le negó un aplauso. La unanimidad ha sido tal que, si fuese un partido de derechas, diríamos que resultaba empalagosa.