Ataque en Kongsberg

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

TERJE BENDIKSBY | Efe

20 oct 2021 . Actualizado a las 08:57 h.

Kongsberg, una pequeña localidad del sur de Noruega, se halla conmocionada. El jueves pasado, un danés de 37 años, armado con un arco y flechas, asesinó a cinco personas e hirió a otras dos sin ningún motivo aparente. Una vez más el objetivo fue un concurrido supermercado y, aunque el arma utilizada no es la habitual, el modus operandi hace pensar que se trata de un ataque terrorista de corte islamista. Sorprende que el sospechoso sea un sujeto que se llama Espen Andersen Brathen, pero lo cierto es que era conocido por las autoridades noruegas debido a su conversión al islam y su radicalización, aunque probablemente, nada hacía prever que pudiera asesinar a inocentes.

En un país donde la policía no porta armas de fuego y donde, aun habiendo delincuencia, el nivel de seguridad es de los más elevados de Europa, este ataque, aunque de dimensiones menores, ha vuelto a revivir el terrible recuerdo de la masacre llevada a cabo en julio del 2011 en la isla de Utoya por el extremista Anders Behring Breivik, quien asesinó a 77 personas.

La tranquilidad con la que hemos vivido en Europa desde que comenzó la pandemia del covid solo ha sido una pequeña tregua en la guerra que el terrorismo islamista mantiene contra todo lo que considera anatema. No podemos llevarnos a engaño ni bajar la guardia, su odio por todo aquello que suponga libertad, igualdad, democracia y laicismo sigue tan vivo como siempre y sus seguidores siguen preparándose para actuar. Seguidores que no necesariamente tienen origen árabe u oriental. Por ello, el arresto de cinco miembros de una presunta célula yihadista en Barcelona y Madrid hace un par de días y este terrible ataque en Noruega son una seria advertencia de que debemos mantenernos alerta más que nunca y no solo las fuerzas y cuerpos de seguridad, sino también los ciudadanos de a pie.