Cuánto mejor es emborracharse que darse de hostias

Álvaro Boro REDACCIÓN

OPINIÓN

Pelea en una terraza del centro de Oviedo
Pelea en una terraza del centro de Oviedo

Quién no tenía ganas de fiesta y de que le diera la hora del vermú en La Regenta tras tanto tiempo de confinamiento y restricciones. Está claro que todo el mundo, unos más y otro menos, porque tristes y aguafiestas los hay en todas las casas, queríamos recuperar esa santa rutina de salir por las noches a tomarse algo. Si más o menos llevé bien las limitaciones, no significa que no echara de menos una buena noche con los amigos. La noche, las copas, el roce de la gente, el calor humano, el olor de la fiesta; todo lo que implica lo que ahora llaman el ocio nocturno pero que no es más que salir, a secas. Salir por el día no cuenta, ya se da por hecho. Y, también, la  resaca, la afonía, los ojos rojos y la lengua como esparto.  Pero es algo necesario, elemental, para todos aquellos que el hedonismo es uno de los principios que guía nuestra vida.

Pero lejos de ver bacanales infinitos, me está sorprendiendo muchísimo lo que estoy viendo por las noches. Cada vez hay más peleas y más violencia gratuita, algo salvaje y sin sentido.  Que para darse de hostias hay una edad, y no está mal pegarse, pero lo que está realmente bien es que no te peguen. Una vez pregunté a un profesor de UNIOVI que si él se pegaría con alguien y la razón, me respondió: «Hombre, sería por algo muy grave, no tengo yo años para andar haciendo el tonto por ahí. Pero sólo me pegaría si veo que le puedo, porque para lo que sí que no tengo edad es para chupar hostias». Y yo sostengo todo lo que me dijo este hombre.

El otro día me impactó leer esto en una columna de EL PAÍS: «Si la generación de mis padres se dio a la violencia política, la de mis sobrinos se está dando a la violencia hedonista. El fenómeno de los botellones que acaban en hostias es interesante». Uno lee esto y no sabe muy bien qué pensar ni qué decir, se nota que hay gente que hace mucho tiempo que no pisa las calles del Antiguo o sólo va de visita. «Violencia hedonista»,  cuesta decir semejante tontería, y más aún realizar una asociación tan lejana y disparatada como la de la violencia con el hedonismo. 

Yo estuve presente en la pelea de hace unos sábados en la Plaza del Sol, algo espectacular donde volaron sillas, vasos, botellas, patadas en el suelo; algo como no había visto nunca a mis casi treinta años, bastantes noches y alguna que otra pelea. La ferocidad y la inquina con la que se enfrentaban unos y otros ponía a los que allí estábamos ante tal punto de incomodidad que hacía que te revolvieses por dentro. Violencia salvaje y brutal, se pegaban buscando la muerte del otro, algo que en la vida había visto. No sé cuál era la razón ni quiénes eran los protagonistas, poco me importa, pero el mal cuerpo con el que salió de allí todo el mundo no me lo puede negar nadie; aún más los que recibieron. Y yo me pregunto qué tendrá esto de hedonista y rupturista: pues nada. También me dio que pensar que la policía que, hora sí y hora también, anda patrullando y saltando al mínimo resquicio de no llevar la mascarilla o moverse de la terraza para consumir, tardase tanto en llegar, sobre todo en una movida que duró más de un cuarto de hora, y no hiciesen acto de presencia: cuando llegaron ya sólo quedaban los camareros haciéndose cargo del destrozo.

No sé si es que yo me estoy haciendo muy mayor, que puede ser, o que estos jóvenes han perdido todos los valores. Yo creo que ni una ni otra, pero cuánto mejor es emborracharse que darse de hostias. Las dos hacen daño, pero una sólo a ti y la otra también a los demás.