«¡Que viene el lobo!, ¡que viene el lobo!» Cuántas veces habremos oído esto y nos hemos atemorizado. ¡Cuántos cuentos nos han contado!
El filósofo inglés del siglo XVIII Thomas Hobbes dice en El Leviatan: «El hombre es un lobo para el hombre», refiriéndose a que el estado natural del hombre lo lleva a una lucha continua contra sus semejantes.
Y yo me pregunto, ¿por qué utilizan al lobo para hacernos ver que el ser humano es capaz de esos horrores contra sí mismo y contra los demás?
No empezó en el siglo XVIII, Hobbes se basa en una obra de Plauto, Asinaria, allá por el siglo I a. C., de muy lejos nos viene esa mala utilización del lenguaje, tan perversa que ha ocasionado la casi extinción del lobo.
Ya desde el siglo I a. C. nos ponían en preaviso de lo malísimo que era el lobo pues lo comparaban con el animal humano siendo este mucho más perverso y peligroso que cualquier otro ser vivo. La verdad es que el lobo no es capaz de tanto horror como sí lo es el hombre.
Herman Hesse en El lobo estepario utiliza a un animal, a un lobo, para describir a un personaje, un hombre.
Otra frase para hacérnoslo mirar: «Los lobos vestidos de oveja nunca dejaran de ser lobos, tarde o temprano se manifestaran lo que son en realidad» pero los lobos no se visten de nada, son lo que son. Sin embargo estamos haciendo ver que las ovejas son «buenas» y los lobos «malos». Volvemos a poner al lobo como ejemplo de la maldad del hombre. Un lenguaje con un fin malintencionado.
Los animales no son buenos o malos, no son guapos o feos, esos adjetivos son puestos por nosotros, para nuestra percepción y clasificación de lo que vemos. Pero los animales son animales, no son lo que nosotros y nosotras vemos de ellos, ni lo que queremos que sean. Es un perverso ejercicio del lenguaje que lleva a la muerte a miles de animales. Los que nos parecen «guapos» o «divertidos» los encerramos en un zoo y los que nos espantan y los vemos «feos» los matamos hasta su extinción.
Otro modismo muy de aquí: «Meterse en la boca del lobo», que es como irse a parar al peor de los sitios.
Continuamente la literatura nos dice que nos prevengamos del lobo, que es perverso dañino y nos puede comer. El cuento de Caperucita, el de Los tres cerditos y el lobo feroz, el de Pedro y el lobo, los siete cabritillos y el lobo, un sin fin de cuentos con un lenguaje mal utilizado, que mete el miedo al lobo en la mente de quien los lee. ¡Y así desde hace siglos!. Ya sé que todo esto eran ejemplos para que las niñas y los niños fueran prudentes y obedientes pero no se debe utilizar a un animal para hacernos ver todo el mal del mundo. El mal del mundo lo provoca el hombre no el lobo.
Yo misma conté cuentos a mis hijas y cuando leía lo que decía el lobo cambiaba la voz por una más oscura y lúgubre. ¡Siento mucho haberlo hecho!
Toda esta usurpación de la vida del lobo es para hacernos creer que la culpa de los males de este mundo la tiene el maravilloso animal.
Hay que decir que esto está cambiando que ahora hay cuentos en los que los lobos son como son: fuertes, valientes, familiares y sabios.
Hay otras formas comparativas como cuando decimos «lobo de mar» estamos hablando de una persona fuerte, aguerrida, valiente.
O cuando hablamos de la loba como madre, como nodriza de guerreros o personajes destacados en la historia como Rómulo y Remo en Roma o Mowgli en la India.
El pueblo Inuik dice que el dios Amarok, dueño y señor de los lobos que solamente habitaban el reino de los cielos, les regaló a la mujer y al hombre una manada de lobos, estos animales bajaron a la tierra para mantener un equilibrio. Eso dice la leyenda.
¿De dónde nos viene, por tanto, ese odio exacerbado y visceral hacia los lobos que les ha llevado, casi, a su completa extinción?
El hábito de los lobos de desenterrar los cadáveres de animales fue aprovechado por la iglesia para considerarle como un ser diabólico. Las distintas religiones monoteistas consiguieron con sus mentiras que se masacraran tanto a las mujeres, a las que llamaban brujas, como a los lobos. Empujando a los hombres al asesinato de cientos de miles de mujeres y lobos.
Los lobos nos evocan unas fuertes emociones y las adjetivamos utilizando palabras que evocan terror, odio, violencia, voracidad o pecado. Sin embargo no utilizamos las que aluden a la grandiosidad de su comportamiento, a la protección de su manada, la fuerza y el valor de su continuo peregrinaje hasta encontrar tierras mas seguras.
«Las ovejas pasan toda su vida temiendo al lobo, pero es el pastor quien se las come», dicho popular.
«Aquella mirada llegaba al corazón de toda la humanidad». El lobo estepario.
La mirada que llega al corazón de toda la humanidad es la del lobo, no la del hombre.
¡Dejemos al lobo tranquilo!. ¡Cambiemos el cuento que nos contaron!
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